Eminente representante de la doctrina ortodoxa patrocinada por Roma, en el siglo VII, en contra de la doctrina monotelética que Heraclio había querido importar a su Imperio, haciendo olvidar la condena pronunciada por el Sínodo de Calcedonia en 451 contra el monofisismo, San Máximo Confesor (580-662), condenado a la mutilación y el destierro por el sucesor de Heraclio, Constante II, es también un exquisito maestro de la vida ascética.
Además de comentar alegórica y espiritualmente los puntos más espinosos de la Sagrada Escritura, San Máximo dictó un diálogo espiritual entre un abad y un joven monje, sobre los fines fundamentales de la espiritualidad contemplativa. Es el llamado Libro ascético, al que siguen, en forma de apéndice, 400 sentencias de carácter moral y edificativo. Era la antigua tradición ascético oriental, tan luminosamente representada por Heraclio Póntico en el siglo IV, que aún continuaba superviviente. De San Máximo poseemos también otra colección de 243 sentencias parecidas, que se puede comparar a las otras dos colecciones, una de 200 y la otra de 500 sentencias teológico económicas, en el significado etimológico y religioso de este segundo vocablo.
Además, con el nombre de Máximo, aunque es dudosa su autenticidad, se conoce una colección, más sencilla, de pasajes sacados de la Escritura, de los escritores eclesiásticos y de los profanos, hecha con fines pedagógicos, al igual que los numerosos florilegios que la Edad Media empleó en sus conventos.
E. Buonaiuti

