[De Spiritu Sancto]. Una de las pocas obras estrictamente teológicas; como las demás de este carácter, ocupa en la producción del obispo de Milán un lugar secundario en comparación con sus obras exegéticas y morales.
El De Spiritu Sancto, escrito en 381 y dedicado a su imperial discípulo espiritual Graciano, constituye una especie de suplemento, en tres libros, al De la Fe (v.) y cumple la promesa, hecha a Graciano en esta obra, de escribir un tratado más profundo sobre el Espíritu Santo; precisando más, la obra desarrolla el tema de la consubstancialidad del Espíritu con el Padre y el Hijo. La fuente principal es el tratado del mismo título de Dídimo el Ciego, traducido al latín por San Jerónimo; son abundantemente y a menudo indiscretamente utilizadas también las obras de San Atanasio, San Cirilo de Jerusalén, San Basilio y San Gregorio Nacianceno. Como el De Fide, esta obra polemiza contra los arríanos.
M. Niccoli
Prefiere hacer de traductor de los demás, en vez de corneja desabrida que se adorna con las plumas ajenas como otros hacen, fíe leído hace poco el trabajillo de uno sobre el Espíritu Santo, y, como dice el poeta cómico, «ex graecis boni, vidi latina non bóna». Nada dialéctico en ese libro, nada viril, nada convincente. (San Jerónimo)

