Cristiano, Fr. Francesc Eiximenis

[Crestiá]. Enciclopedia religioso moral, escrita por Fr. Francesc Eiximenis (1349-1409), de la orden de los frailes menores.

Había de constar de trece libros, de los cuales sólo poseemos cuatro: el pri­mero, que trata de la religión cristiana, de su principio y de su dignidad; el segundo, de las tentaciones y de la gracia; el ter­cero, del pecado, y el doce, sobre Regi­miento de príncipes y señores, o sea «del régimen dado a toda la cosa pública, es a saber, a todos los señores y a todos los súb­ditos, según diversas formas de vida» (I, prólogo). Los libros restantes que Eiximenis tenía proyectados, habían de versar: so­bre la gracia, los dones del Espíritu Santo y las bienaventuranzas, el cuarto; las vir­tudes teologales, el quinto; las virtudes mo­rales y cardinales, el sexto; los mandamien­tos de la ley de Dios y demás preceptos, el séptimo; el orden y gobierno de las cosas creadas, el octavo; la encarnación, el no­veno; los sacramentos, el décimo; la doc­trina de eclesiásticos y religiosos, el undéci­mo; y las penas infernales y recompensas celestiales, el trece. A pesar de que sólo tengamos cuatro libros de esta magna enci­clopedia, éstos constituyen la obra más vas­ta de la antigua literatura catalana, mucho más aún que el Libro de la Contemplación (v.) de Ramón Llalla.

Bastará tener en cuen­ta para convencerse de esto que el libro pri­mero del Crestiá se compone de 381 capítu­los; el segundo, de 239; el tercero, de 1060, y el doce, de 907. De dichos libros fueron impresos en el siglo XV el primero (Va­lencia, 1483) y las cuatro primeras partes del doce (id., 1484). Del Regimenté de la cosa pública, que es parte del doce, se hizo una edición en Valencia, en 1499, y modernamente otra por el P. Daniel de Molins de Rei («Els Nostres Clássics», XIII, 1927). La misma colección, en su serie B, en 4. °, comenzó la publicación del Tercero, del cual han aparecido sólo tres volúme­nes entre 1929 y 1932, que comprenden 352 capítulos. Hay algunas pequeñas ediciones fragmentarias, de entre las cuales sobresale una colección de Contes i faules, preparada por Margal Olivar («Els Nostres Clássics», VI, 1925). Esta ingente obra, comenzada a instancias de Pedro el Ceremonioso y de los concelleres de Barcelona, se llevó a cabo en un espacio de tiempo relativamente bre­ve, pues el libro I se terminó en 1379 y el XII en 1392. Relacionado con los libros no existentes del Crestiá, está la cuestión de lo que pudo ser una Summa Theologica, que cita Eiximenis en sus escritos, como obra propia, y que el P. Ivars («Archivo ibero­americano», XIX, 361) ha considerado obra idéntica al Crestiá, o en su defecto un compendio de éste, para suplir los libros que no se escribieron, a causa de las des­mesuradas proporciones que la obra tomaba.

Eiximenis, en efecto, cita en sus escritos esta Summa, y a veces parece que estas ci­tas se identifican con pasajes de los libros que tenemos del Crestiá, y otras veces no. Parecida contradicción se observa con las referencias a los libros del Crestiá que no tenemos, a los cuales Eiximenis alude a veces, como si se tratara de obras existen­tes, y a veces, como de obras en prepara­ción. Contraria a la opinión del P. Ivars fue la del P. Martí de Barcelona («Estudis Franciscans», XL, 452), según el cual el Crestiá y la Summa theologica son obras distintas. El fin que Eiximenis se propuso al escribir el Crestiá fue la formación re­ligiosa de los seglares, pero entendida con tal amplitud, que no sólo en el plan de la obra íntegra entraban todas las materias de la teología dogmática y moral, sino que partiendo de ellas y procediendo de lo ge­neral a lo particular y de lo especulativo a lo práctico, dio cabida en ella a innúme­ros aspectos del vivir cotidiano, con lo que nos ha ofrecido uno de los testimonios más pintorescos de las costumbres de su época. Bajo este aspecto los libros más interesan­tes son el tercero y el doce. Una obra tan polifacética se ha servido de un estilo va­riado, ajustado al distinto carácter de sus componentes. Las partes doctrinales, que son numerosas y extensas, nos internan en vastos desiertos de prosa teológica, com­puesta al modo escolástico, a base de divi­siones y subdivisiones, con gran abundan­cia de citas, de segunda y de tercera mano, a las que tan aficionado era Eiximenis, que no bastándole las de autores conocidos, añadía las de innumerables autores por él inventados.

En otras ocasiones, la prosa eiximeniana toma un vuelo oratorio de gran estilo, claro exponente de hasta dónde pudo llegar la prosa medieval catalana sin la influencia del Renacimiento. Otro tipo de prosa, para nosotros el más interesante, es el que adopta cuando trata de temas de la vida corriente o zahiere corruptelas y abu­sos muy extendidos. Entonces Eiximenis se convierte en un gran narrador, de abun­dantes recursos, que sabe apropiarse con arte de los ricos colores que la lengua viva le ofrece, y sabe colocar bien ejemplos y cuentos, que refería con singular maestría. La originalidad del Crestiá es parecida a la de las restantes obras de Eiximenis. Éste es más compilador que pensador, y lo que más le interesa es llegar a la persuasión. Por esto acude a toda clase de recursos, sin preocuparse de las contradicciones en que incurre. Por lo demás, Eiximenis es escri­tor crédulo, abierto a la superstición, y dis­puesto a la rectificación, cuando le conviene. Lo demostró en el libro doce del Crestiá, con motivo de las profecías joaquimitas que en él había insertado, y que luego negó, en vista de la indignación que produjeron en el rey Juan I.

P. Bohigas