Confesión de Augusta, Felipe Melanchton

[Confessio Augustana]. Con este título fue difundida la redacción de los artículos fundamentales de la doctrina luterana por obra del célebre humanista y reformador Felipe Melanchton (Philipp Schwarzered, 1497-1560). La «editio princeps», en alemán y en latín, es de 1530. La redacción fue originada sobre todo por las exigencias político-eclesiásticas de los príncipes fautores de Lutero, especialmente por Juan, elector de Sajonia. Éste, con vista a la Dieta imperial de Augusta (señalada para el 8 de abril de 1530 pero que no se abrió hasta el 20 de junio), y teniendo no­ticia de los 404 artículos preparados por Eck contra el partido protestante, confió a los filósofos de Wittemberg el encargo de prepararle una lista de los puntos substanciales de la Reforma. Nacieron así los 15 artículos de Torgau que fueron la base sobre la cual Melanchton redactó la serie definitiva de los artículos fundamentales de la doctrina luterana: la Confessio, aprobada por Lute­ro y firmada el 25 de junio en Augusta por siete príncipes y dos ciudades imperiales. La Confesión se compone de dos partes.

La primera va dedicada a la profésión de fe con veintiún artículos en gran parte so­brios y esquemáticos: «Dios», «Pecado ori­ginal», «Hijo de Dios», «Justificación por la fe», «Predicación», «Obediencia», «Igle­sia», «¿Qué es la Iglesia?», «Bautismo», «Ce­na», «Confesión», «Penitencia», «Uso de los sacramentos», «Gobierno de la Iglesia», «Del orden eclesiástico», «Policía y regi­miento escolar», «Del retorno de Jesús en el Juicio Universal», «De las buenas obras», «Del servicio de los santos», etc. La segunda parte, más viva y polémica, está dedicada a los abusos que los protestantes combatían, y contiene los siguientes artículos: «Doble naturaleza de los sacramentos», «Del ma­trimonio de los sacerdotes», «De la misa», «Confesión», «Comunión», «Votos claustra­les», «Poder de los Obispos».

En conjunto, los temas de la Confesión repiten los fun­damentales de la teología de Lutero y Me­lanchton; adhesión en la doctrina trinitaria y cristológica a los símbolos de la Iglesia antigua; las Sagradas Escrituras acogidas como fuentes exclusivas de la doctrina y de la institución eclesiástica; la justificación sólo por medio de la fe, etc. Todos ellos, sin embargo, en un tono atenuado, conciliador hasta el punto de que, en muchos lugares, el texto no parece siquiera reflejar, a lo menos íntegramente, la verdadera doctrina de Lutero. La Confesión, además de ser el documento más importante de la teología luterana, resultó también fundamental co­mo base del desarrollo posterior de la doc­trina. Emprendida en medio de polémicas y luchas, conoció una azarosa historia en el campo editorial, y junto a la «editio princeps», hacia el 1540, comenzó a difun­dirse una «editio variata» ante la cual Lu­tero permaneció siempre silencioso, y que, especialmente después de 1560, dio pie a críticas y disputas.

C. Cipalla