Abel

El sacrificio de Abel, narrado en el Génesis (IV, 2 y ss.), es uno de los epi­sodios más notables de la Biblia y por su riqueza de temas humanos inspiró en todos los tiempos a la poesía y a las artes figu­rativas.

*    Entre las obras más conocidas figura La muerte de Abel [La morte d’Abel], ora­torio de Pietro Metastasio (Pietro Trapas- si, 1698-1782), compuesto para Carlos VI y ejecutado con música de J. A. K. G. Reutter (1708-1772) en la Capilla imperial, du­rante la Semana Santa de 1732; puesto tam­bién en música por Leonardo Leo (1694- 1774) y por Pietro Guglielmi (1727-1804). El valor artístico de la obra es bastante escaso y, como en otras de Metastasio, se advierte una continua perplejidad entre un propósito trágico y un tono de cancioncilla arcaica, que degenera en situaciones cómi­camente burguesas. El dramatismo del tema, al cual quiere permanecer fiel el poeta y que origina, en la segunda parte, algún mo­mento vivo, impide un desarrollo plena­mente elegiaco y hace, por ello, tanto más desplazados los momentos de elegía, que culminan en las arietas.

G. Getto

*    Conocidísima es también la tragedia melódica Abel de Vittorio Alfieri (1749- 1803), compuesta en 1790, con la que el poeta se propuso fundir la obra musical con la tragedia; ello, alternando escenas dramáticas y escenas líricas y mezclando con los personajes trágicos personajes fan­tásticos y sobrenaturales, a quienes única­mente son confiadas las partes líricas. Pero la tentativa puede considerarse fracasada, porque todo el marco fantástico y lírico resulta postizo y sólo se salvan de la obra algunas escenas «trágicas». El tema es el asesinato de Abel; y el protagonista es Caín, de quien el poeta ha retratado per­fectamente la inquietud, los primeros e inexplicables movimientos de envidia, la obsesión del delito; el ambiente idílico de la primera familia, que se nos presenta en las escenas iniciales unida por un afecto mutuo, ha de contrastar con dicho delito, que se impone al protagonista, quien se re­siste en vano, y obscuramente presienten Adán y Eva. Concluye Adán, que invita a su mujer a inclinarse ante la voluntad de la divinidad con palabras que suenan, más que a resignación, a espanto frente a la inexcrutable voluntad divina.

M. Fubini

*    La narración bíblica inspiró también al poeta suizo Salomon Gessner (1730-1788) el poema en cinco cantos La muerte de Abel [Der Tod Abéis], publicado en 1758. El trágico episodio está modificado y adap­tado a los delicados oídos del siglo de la filantropía, de la virtud y de la benevolen­cia. La vida patriarcal de nuestros primeros padres inspira al poeta escenas idílicas en las que Adán y Eva lloran de ternura por el buen corazón de su primogénito Abel, y Caín confía a su mujer que él, endurecido por las fatigas del campo, no advierte la necesidad de tantos abrazos familiares ni demostraciones de afecto. Pero, cometido el crimen, incluso su remordimiento se vuelve patético y su fuga idílica con los niñitos y la esposa parece un paseo dominical más que un gesto de desesperación. Además, el bíblico Dios terrible es apaciguado por án­geles mansos y dulces que confortan al hombre con la promesa de la redención; todo es bueno, hermoso y apaciguador. Pese a su artificiosidad, este poema y otros que le siguieron, de fondo clasicista, en los que con idénticas actitudes se mueven ninfas y pastores, supieron hacer vibrar las cuerdas de muchos corazones y particularmente de la sensibilidad femenina. [Trad. española anónima (Madrid, 1795)].

G. Federici Ajroldi

*    Entre las muchas obras de pintura y escultura son notables los cuadros de Tintoretto (Academia de Venecia), de Cormen (Museo del Luxemburgo), de Massimo d’Azeglio y de Prud’hon, y la estatua de Dupré en Florencia.