YVONNE, PRINCESA DE BORGOÑA (Witold Gombrowicz). Una novela histórica polaca

Comedia en cuatro actos publicada por entregas en la revista “Skamander” en 1938 y estrenada en Cracovia en 1957.

El príncipe Felipe, cansado de jóvenes damas ligeras y codiciosas, quiere procu­rar a sí mismo y a la corona una extraña sensa­ción: entre el general asombro, anuncia su inten­ción de casarse con Yvonne, una fea y cohibida muchacha del pueblo, a quien ha conocido por azar.

El rey Ignacio y la reina Margarita tienen que convencerse que la decisión de su hijo desna­turalizado no es una broma. Para evitar escánda­lo, se ven obligados a calificar el “democratísimo noviazgo del príncipe Felipe con la representante de las más bajas esferas sociales, señorita Yvonne Copek”, como un acto que va en contra de todas las leyes de la naturaleza, como el “gesto noble” de un corazón tocado por la compasión. Yvonne es conducida a la corte, que ahora se convierte en el teatro de una comedia tan macabra como ambi­gua y, en el fondo, amenazadora.

Yvonne, que a lo largo de los cuatro actos tan sólo abre la boca nueve veces para proferir una única palabra o una brevísima frase, en su provocante mutismo o pe­reza psicofísica – en resumen, en su “desnuda” fealdad – demuestra ser una “combinación infer­nal” y la síntesis de todo lo que otros temerosa­mente ocultan detrás de la fachada. Las damas de la corte se intranquilizan porque ven en la presen­cia de Yvonne una alusión a sus propios defectos e imperfecciones físicas cuidadosamente ocultos; en el rey Ignacio, Yvonne despierta inquietantes recuerdos de criminales culpas juveniles, y la rei­na siente como públicamente expuestos sus más profundos secretos, la escoria de su decadente universo sentimental. Pero la cosa más inaudita le sucede al príncipe; Yvonne, el “irritante, exaspe­rante, enervante, exictante y provocativo” juguete del capricho de un momento, la muñeca carente de voluntad con la cual “podemos permitimos cualquier cosa”, se enamora de él, y debido a ello, también él queda atado a ella sin posible salva­ción.

A partir de aquel momento, encontrar un camino de salida para dicha situación se convierte en un problema insoluble. Como primera tentati­va, le declara que se separa de ella, y elige como nueva prometida a una dama de la corte “dotada de sex-appeal”, con el resultado de que ahora Yvonne además de él, también lleva dentro a la nueva prometida: “Pero ella nos lleva consigo, y allí hará de nosotros… con nosotros… lo que se le antoje… a su capricho”. Mientras tanto, en la corte, se difunden de una forma cada vez más preocupante la insolencia, la audacia y el desen­freno, las costumbres se embrutecen, se ignoran los tabús, las formas sociales se disuelven; y todo ello sólo porque existe una Yvonne con la cual “podemos permitimos cualquier cosa”.

Próxima a la locura, la reina se dispone a envenenar a Yvonne; el rey Ignacio, que ya está totalmente embrutecido (“A partir de ahora ya os enseñaré de qué soy capaz, os haré ir derechos”), se oculta detrás del sofá para espiar y el príncipe Felipe, provisto de un cuchillo, quiere librarse de aquella “inoportuna”. Pero el chambelán tiene la idea apropiada para eliminar la causa de este catastró­fico proceso sin perder «el tacto ni los demás imponderables ingrediente del “savoir vivre?”»; esta noche “sus Majestades ofrecen un banquete solemne… ahora bien, si hiciéramos servir pesca­do, un pescado con muchas espinas, por ejemplo salmonetes…”.

[spoiler title=» collapse_link=’true’]La comedia termina con la muerte de Yvonne, que se atraganta con una espina du­rante el banquete en el que participa con el rango de princesa de Borgoña. De esta manera, las “for­mas” se restablecen:

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“Ignacio – recuerda la reina a su consorte —, habrá que pensar en el luto. No tienes un solo traje negro. Has engordado, los viejos no te sientan bien”.