Un Rey Humorista, Alberto Cantoni

[Un re umorista. Memorie]. Narración de Alberto Cantoni (1841-1904), publicada en 1891.

En estas me­morias, que él finge que le ha confiado el rey de un país desconocido, el autor nos presenta una singular mezcla de cualidades de un «rey humorista», esto es, un ser que padece dos veces un curioso desdoblamien­to: la primera, como humorista, continua­mente dividido entre la realidad y la crí­tica; la segunda, en cuanto rey, obligado a representar siempre un papel distinto del que sería realmente el suyo. Su esposa, la reina, casada con él por razón de estado, sabe desdoblarse sin padecer y ser en priva­do una mujer bondadosa y sencilla, y en pú­blico una reina pomposa y austera; él, en cambio, no puede sufrir todo aquel ceremo­nial, en continuo contraste entre lo dema­siado que debería hacer y lo poquísimo que hace. Mas, para agudizar su tormento, he aquí un episodio dramático: la lectora de la reina dispara contra él un tiro de revólver que no da en el blanco.

La fantasía se pone a fermentar y aquella imagen lo turba du­rante mucho tiempo; para olvidarla se su­merge en la política y acaba por lanzarse a una guerra, de la que vuelve victorioso y con la ilusión de haber matado dentro de sí al humorista. Ahora se propone inclinarse al bien, pero sólo consigue volverse más co­lérico e infeliz, y pasa de la más febril alegría a la más deprimida tristeza. Por fortuna viene la gota a salvarlo: la calidad del sufrimiento físico le hace recobrar el equilibrio, y comprende que también el humor es una gran fuerza que puede a veces llegar donde no llegan ni la lógica ni la experiencia.

Pirandello definió Un re umorista como «una de las pocas obras culmi­nantes de la literatura italiana contemporánea, entre las pocas más originales y ex­presivas de toda la literatura moderna»; y este juicio no causa sorpresa, pues en Cantoni, como en germen, se hallan actitudes y tonos que hallaremos desarrollados en el arte pirandeliano. En realidad, Cantoni, es­critor de bella y varia sensibilidad, con­sigue, no obstante, alcanzar muy raramente, por su misma posición psicológica de autor crítico de sí mismo, una expresión verda­dera y cumplidamente poética.

A. Marchesini