Sátiras de Menzini

[Satire]. Escritas en verso en 1680, por Benedetto Menzini (1646- 1704), suscitaron el entusiasmo de sus con­temporáneos, de tal manera que pronto, todavía manuscritas, se difundieron mere­ciendo el elogio de Redi, Muratori, Bellini y Crescimbeni, siendo publicadas postumas en 1718.

Tienen más el aspecto de un libelo difamatorio que el de una verdadera y pro­pia sátira de las costumbres de la sociedad del gran ducado florentino cuando ya se inclinaba a la decadencia. Menzini mismo confesaba que las escribió «bañando en hiel su labio seco», y esta hiel le inducía a arre­meter con vituperios callejeros y con fa­náticas invectivas contra sus verdaderos o sus presuntos enemigos. Uno de sus blancos más frecuentes fue Giovanni Andrea Moniglia, poeta y médico predilecto del prín­cipe cardenal Giovanni Cario, al que Men­zini, encubriéndolo bajo el nombre de pa­rásito plautino Curcullón, dedicó casi por completo la tercera y la quinta sátiras. Parece que Moniglia, hombre de pocos es­crúpulos, usó de su influencia en la corte para impedir el nombramiento de Menzini para la cátedra de Humanidades de la Uni­versidad de Pisa: de aquí, naturalmente, una abierta hostilidad, que por parte de Menzini halló desahogo en profusión de in­jurias.

Frustrado en sus ambiciosas aspira­ciones, Menzini no dudó en hacer blanco de sus sátiras a cuantos, más afortunados o más hábiles que él, habían logrado satis­facer sus aspiraciones y especialmente con­tra los docentes de aquella Universidad que no le acogió y a la que definió «di babuazzi il concistoro». También sobre Magliabechi se dirigieron los tiros de Menzini, a quien pintaba con «viso di farisaico spiritato» y al que negaba profundidad de cultura, atribuyendo la fama de erudito que gozaba entre los contemporáneos a sus habilidades de charlatán. No se mostró más amable con sus hermanos en religión, a los que en una parte de la sátira VI y en la VII culpó de corrupción y de avaricia, asegurando que faltaban a los más elementales deberes de la caridad cristiana. Como prueba de su acusación citaba el caso de aquel «Orsatto», al que se quiere identificar con un caballero de la noble familia de los Adimari, a quien, a causa de su extrema pobreza, le había sido negada por los sacerdotes florentinos la sepultura.

Se alejó de este mundo suyo en la sátira II, en la que, bajo la forma de un diálogo de Luciano, se representa metafóricamente la política de la casa de los Médicis, que con la concesión de favo­res alejó a la población de la industria y del comercio y arruinó al país, y una vez más en la sátira VI, en la que, recogiendo lugares comunes de la literatura misógina, se encaró con la corrupción de las mujeres florentinas, que, por vanidad o por dinero, engañaban a los maridos cubriéndolos de infamia.

T. Momigliano

El sarcasmo debe purificarse y agotarse a sí mismo. Mientras permanece en lo par­ticular y en lo personal, el lenguaje es acre, bilioso; ejemplos: Juvenal y Menzini. (De Sanctis)