Colección de poesías humorísticas de Christian Morgenstern (1871- 1914), autor de los Cantos del patíbulo (v.).
Apareció en primera edición en 1910. Tanto Palmström, el sentimental soñador de un mundo mejor, el entusiasta inventor de nuevas felicidades para los hombres, como von Korf, su refinado compañero contemplativo, pronto se convirtieron en dos figuras amadas y populares de la moderna poesía alemana.
Advertimos en Palmström motivos que se encuentran ya en los Cantos del patíbulo, como el «juego» de hacer revivir el sentido primitivo y olvidado de una metáfora [«Das böhmische Dorf»; «Die weggeworfene Flinte»] u otros intraducibies juegos de palabras; tampoco faltan las parodias poéticas, como el «Nocturno en blanco», de evidente entonación rilkiana; pero está notablemente atenuada la «fumisterie» que constituía el alma endiablada de los Cantos del patíbulo.
Sin embargo, también a este pequeño volumen ha dado Morgenstern una individualidad propia. Es inolvidable el gesto inspirado de Palmström, que esculpe impresiones marmóreas en las plumas de la cama [«Bildhauerisches»] o su invención sentimental del «Almacén de pequeñas consolaciones cotidianas» [«Das Warenhaus»].
Inolvidables las invenciones de Korf: su «Teatro de sombras chinescas», fiesta de la fantasía que nos libera de la maciza realidad de la vida; su reloj con dos pares de agujas que se anulan recíprocamente, destruyendo el obsesionante transcurrir del tiempo.
Pero lo supera el reloj de Palmström; delicado como una sensitiva, marcha hacia delante o hacia atrás secundando el menor deseo de su poseedor; pues un reloj, ligado al tiempo, no puede prescindir de principios; es una máquina ciertamente, pero con un corazón [«Die korfsche Uhr»; «Palmstroms Uhr»] «órgano de los perfumes», «Aromat», «Anteojos», «Diario, de mediodía»: toda una serie de hallazgos a cual más significativo, de inagotable fantasía, especialmente cuando entra en juego un elemento de auténtica poesía [«Die Máusefalle»; «Europens Bücher»; «Korf erfindet eine Art von Witzen»; «Die Windshosen»].
Se trata de cuadritos — como dice Morgenstern en Bilder, su «Ars poética» del humorismo fantástico —, pero dirigidos al más allá, de modo que su sentido resulta maravillosamente transformado, por estar elevado al mundo de la fantasía. Menos refinadas poéticamente que los Cantos del patíbulo, circula en estas poesías grotescas un aire de sana confianza, de franco fervor que levanta el ánimo y serena la mente.
R. Guarnieri

