Orfeo en los Infiernos, Héctor Crémieux

Una famosa y sabrosa parodia de la fá­bula antigua es el Orfeo en los Infiernos (Orphée aux Enfers), ópera cómica en dos actos y cuatro cuadros, libreto de Héctor Crémieux, música del músico alemán Jac­ques Offenbach (1819-1880), representada en París en 1858, luego refundida y modi­ficada por sus autores en cuatro actos y doce cuadros en 1874.

Orfeo es un mal su­jeto. que detesta a su mujer Eurídice, la cual, a su vez, se deja cortejar de buena gana por Aristeo, un fabricante de miel (que no es otro sino Plutón disfrazado), y por Júpiter, el padre de los dioses, y tiene por amante a cierto John Styx, hijo de un antiguo rey de Beocia y ahora «domestyx» de Plutón.

Júpiter, para obtener los favo­res de la bella Eurídice, llega hasta el punto de transformarse en mosca para penetrar en su habitación. Y cuando Orfeo, sólo por­que el destino lo ha determinado así, está a punto de llevarse a Eurídice del Infierno, Júpiter le suelta un violento puntapié olímpico, que le obliga a volverse sin ella. Eurí­dice vuelve así entre los dioses del infierno, que se entregan a uña bacanal desenfrenada, levantando mucho polvo y humo.

«Orfeo ha arrastrado en un torbellino frenético a toda nuestra generación», escribió el crítico Francisque Sarcey. La sátira feroz inmerge aquí la realidad en el baño de aquella mis­ma inspiración social a la que tiende la «Ville Lumière» cuando crea la Exposición Universal.

Los trozos más célebres y vivos por su frescura rítmica y melódica, además del famoso «cancan», son los «couplets» de John Stix, de Eurídice y de Aristeo, de la «Barque à Carón», y algunos vertiginosos «galops».

L. Rodelli

Una ópera en que la sublime idiotez acompaña continuamente a la más sorpren­dente fantasía. La obertura es alegre y vi­vaz… El roncar de los dioses acompaña el canto de Cupido y Venus, y las arias de John Styx son obras maestras de fatua ingenuidad… Jamás Offenbach nos había dado una ópera más completa. (Groviez)