Novelas Ejemplares y Amorosas, María de Zayas y Sotomayor

Colección de novelas de la escritora espa­ñola María de Zayas y Sotomayor (1590- 1661?). Son veinte novelas, casi todas bre­ves, subdivididas en dos partes: las diez que integran la primera parte fueron pu­blicadas separadamente en Madrid en 1635, con el título Honesto y entretenido sarao, y están en este orden: «Aventurarse per­diendo», «La burlada Aminta y venganza del honor», «El castigo de la miseria», «El prevenido engañado», «La fuerza del amor», «El desengañado amado», «Al fin se paga todo», «El imposible vencido», «El juez de su causa», «El jardín engañoso».

Las diez de la segunda parte se publicaron en Zara­goza en 1647, con el título Segunda parte del Sarao y entretenimientos honestos; los cuentos, que se llaman «Desengaños», es­tán en este orden: «La esclava de su aman­te», «La más infame venganza», «La ino­cencia castigada», «El verdugo de su es­posa», «Tarde llega el desengaño», «Amar sólo por vencer», «Mal presagio casar le­jos», «El traidor contra su sangre», «La perseguida triunfante», «Estragos que causa el vicio». Las dos colecciones fueron reuni­das en las ediciones posteriores.

Se finge que los cuentos son narrados en casa de una rica y joven dama enferma, Disis, alre­dedor de la cual se reúne un grupo de cinco damas y cinco caballeros. Las historias de la primera parte son explicadas por los hombres en las cinco noches entre Navidad y San Silvestre. Las de la segunda son con­tadas por las damas al cabo de más de un año, durante la convalecencia de Disis, que después de una larga enfermedad provo­cada sobre todo por penas de amor por uno de los caballeros, don Juan (que no le corresponde, porque a su vez está ena­morado de otra dama, Lisarda), acaba por aceptar el amor de otro, don Diego.

Todas ellas son novelas de amor y abundan en pormenores sensuales y realistas, descritos con sorprendente agudeza psicológica; jun­to con anticipaciones románticas, se revela en ellas una notable intuición de la in­trospección moderna del subconsciente. Es­te último aspecto aparece, por ejemplo, en la primera narración, «Aventurarse per­diendo», en la que su joven protagonista, Jacinta, atormentada por sueños y pre­sentimientos, termina por «sentir una voz que los demás no sintieron» en el instante en que su esposo muere en la guerra.

Otras historias se prestan, en su final trágico, a interpretaciones moralizadoras, como la de «El castigo de la miseria», cuya protago­nista, la vieja alcahueta Isidora, después de haber empujado a la desesperación al honrado joven Marcos, acaba en un es­tado miserable; el tema, que recuerda as­pectos del mundo clásico, por ejemplo, la Aulularia (v.) de Plauto, pocos años des­pués fue llevado al teatro con el mismo título por Hoz y Mota. Otras historias re­velan una actitud feminista, como «Tarde llega el desengaño».

En Italia, en Palermo, se desarrolla una de las más dramáticas, la del «Desengaño, noche cuarta», donde una mujer sin escrúpulos, Angelina, no siendo amada por el caballero que ella ama, provoca su ruina, la del amigo de él y de la esposa de este último. En la prosa de las narraciones hay intercaladas poesías, según la moda de la época. Es evidente la influencia de Boccaccio en el esquema general de la obra y en la com­placencia realista de la narración, donde está muy acentuado, en comparación con el modelo italiano, el carácter aristocráti­co de los personajes; pero más cercano a la autora es el modelo de las Novelas ejem­plares (v.) de Cervantes (del que repiten el título), especialmente cuando sus narra­ciones asumen actitudes moralizadoras. Las novelas tuvieron en seguida una gran re­sonancia.

Traducidas en parte al francés, en 1656, por un tal Ant. de Methel, que parece ser d’Ouville, fueron imitadas por Scarron, que insertó tres de las novelas en una colección suya y una cuarta en la Novela cómica (v.) (cf. cap. XIV).

G. C. Rossi