Comedia en tres actos y un prólogo del escritor francés Victorien Sardou (1831-1908), estrenada en París en 1893.
El prólogo se desarrolla el día de la toma de las Tullerías, en el taller de la lavandera alsaciana Catherine Huoschor. Se refugia en ella un noble austríaco, el conde de Neipperg, a quien el populacho ha herido y persigue para matarlo. Catalina lo oculta en su habitación. El sargento Lefebvre llega con sus hombres, sospecha que Catherine, su prometida, esconde a un enamorado y entra a la fuerza en la habitación; al salir declara a todos que el cuarto está vacío; el hombre a quien ha encontrado le ha parecido muerto. Convencido ya de la inocencia de Catherine, la ayuda, cuando todos han marchado, a salvar al herido. En el primer acto, en Compiégne, Catherine, esposa ya de Lefebvre, convertido en mariscal, y duquesa de Danzig, recibe a las hermanas del Emperador, que tienen el mal gusto de burlarse de ella. La maríscala les responde con ironía e invectivas populares, indiferente a la ira imperial lanzada ya contra ella porque Lefebvre se ha negado a divorciarse para casarse con una noble.
Pero cuando el Emperador se encuentra con la maríscala, el ex teniente descamisado reconoce a la antigua lavandera y cantinera del regimiento, y el diálogo, empezado en tono de rígida etiqueta, adquiere, hacia el fin, un ritmo de respetuosa confianza. Aquella noche, el conde de Neipperg, que hubiera tenido que abandonar París, reclamado en Viena por ser sospechoso de secretas inteligencias con María Luisa, pero no sólo políticas, ya que ha sido sorprendido en la antecámara de la Emperatriz, es conducido ante el Emperador. Napoleón le insulta, le degrada y le entrega a la guardia de palacio, mandada aquella noche por Lefebvre, para una ejecución sumarísima. Pero Catherine, con femenina audacia, conjura al soberano para que no cometa tamaño error, ya que con él deshonraría a la misma Emperatriz. Neipperg huye gracias a Fouché, ministro de policía en desgracia, que en esta ocasión reconquista la confianza del Emperador y vuelve a conseguir el cargo. La comedia tiene la misma superficialidad de otras obras históricas del autor, pero la viva figura de la protagonista le procuró el éxito, junto con la acostumbrada habilidad teatral de Sardou, particularmente briosa en esta obra. [Trad. española con el título La Corte de Napoleón].
M. Ferrigni

