[Luborac’ki, Semejna chronica]. Relato de Anatol Svydnyc’kyj (1834-1871), escritor ucraniano, no valorado hasta muchos años después de su muerte. Luborac’ki fue escrito para la revista «Osnova» en 1860, pero la revista fue suspendida por las autoridades rusas y la obra de Svydnyc’kyj apareció por primera vez en el semanario «Zorja» de fuera de las fronteras rusas, en 1885, catorce años después de la muerte de su autor, el cual hasta entonces había sido desconocido. Acogida favorablemente por todos los críticos literarios, esta «crónica de una familia», como la llama modestamente el autor, fue considerada como una de las mejores obras de la literatura ucraniana del siglo XIX.
Describe en cuadros llenos de humorismo realista la vida del clero secular ucraniano de la primera mitad del siglo XIX, es decir, en el momento de su más profunda crisis espiritual y moral, cuando, bajo la ofensiva de la escuela rusa y polaca, empezó a separarse del pueblo con el que antes estaba estrechamente ligado, con todo su modo de vivir y sentir. Ello llevó a la destrucción de la antigua familia patriarcal del sacerdote ucraniano ortodoxo, modelo para tantas familias de aldeanos de la parroquia convertida ahora, en el libro de Svydnyc’kyj, en campo de lucha entre varias y hostiles tendencias culturales. La familia Luborac’ki es precisamente la de un sacerdote ortodoxo de la que se apartan los jóvenes de la nueva generación, ajenos a su ambiente y a su pueblo, bajo la influencia de la cultura occidental. «¡ Qué desgracia nos ha llegado con estos extranjeros!» — exclamará la madre Luborac’ki —. «Mi hija se ha vuelto polaca, mi hijo moscovita. Le instruirán bien, no hay que decirlo. Pero habría que destruir todas esas escuelas».
Y la falsedad de la escuela continúa en la vida: el vil Robusins’kyj, que en la escuela conquistaba los favores de los inspectores denunciando a sus propios compañeros, más tarde hará carrera, mientras Antos’ Luborac’ki, que ha conservado todavía en el alma algún elemento de bondad, perece miserablemente. Desfila ante el lector toda una galería de tipos, arrancados de la realidad, testimoniando la fina y aguda capacidad de observación del autor.
E. Onatskyi

