La Noche Toledana, Félix Lope de Vega Carpió

Comedia, en tres actos y en verso, de Félix Lope de Vega Carpió (1562-1635), publicada en 1612. En la ciudad de Toledo, llena de forasteros que se han congregado en ella para asistir a las fiestas que celebran el nacimiento del futuro Felipe IV (8 abril 1605), atmósfera particularmente cara a Lope y que siempre ha conferido elementos sugestivos a su producción teatral, se desarrolla la trama extremadamente compleja de la comedia.

Florencio, que ha huido de Granada, don­de por amor a Lisena ha dado a alguien una peligrosa estocada, para olvidar el lance se pone a cortejar a la hermosa y desenvuelta Gerarda y la aloja en su mis­ma posada haciéndola pasar por hermana suya.

También Lisena ha huido de Gra­nada en busca de su amado y se aloja co­mo camarera en la misma posada. Floren­cio fluctúa complacido entre el antiguo y el nuevo amor, y Lisena, mientras medita una ofensiva que le permita reconquistar al amado, se deja cortejar sin consecuen­cias por varios clientes de la posada.

Llega inesperadamente a la posada, que cada vez se anima más, Fineo, el antiguo novio de Gerarda, y ésta, para que no la vea, pide ayuda a la fingida sirvienta, que la oculta en una habitación secreta de la buhardilla; al mismo tiempo llegan de Granada agen­tes de la justicia que buscan a Florencio: el hostalero, a quien se dirige el joven gra­nadino, lo introduce junto con su escudero en la misma estancia secreta.

La pobre Li­sena, al ver que su expediente ha reunido a su amado con la peligrosa rival, hace dar una falsa alarma y Florencio, junto con su escudero, se escapan por los tejados. En este punto la trama se hace tan complicada que resulta difícil narrarla. Lisena multi­plica sus recursos y después que la casua­lidad se ha divertido en inutilizar todos sus intentos, consigue su propósito y en­cierra en la fatal buhardilla a Gerarda con su antiguo novio Fineo y reconquista al amado Florencio.

La comedia, que se des­arrolla con un hábil juego de sucesos con­trapuestos, tiene un ritmo muy movido y hace pensar más de una vez en una «pochade» del siglo XIX, pero Lope encontró modo de afirmarse y de crear, si no per­sonajes, títeres felicísimos, lo cual es una medida no despreciable de su talla de hom­bre de teatro.

A. R. Ferrarin