Ganar Amigos, Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza

Comedia de Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza (1581-1639), que por el argumento, los personajes y el tono ele­vado del diálogo en verso, está inscrita en­tre las comedias «heroicas». Respondiendo a las intenciones morales del autor, quiere exaltar el sentimiento de la generosidad.

Don Fernando de Godoy, que ama perdida­mente a Doña Flor — a cuya mano aspira el marqués Don Fadrique — le da una cita nocturna, pero un caballero trata de im­pedir el coloquio amoroso. Don Fernando le mata y recurre a la protección del mar­qués, quien le promete la libertad. Más tar­de se sabe que el muerto es precisamente el hermano del marqués, pero éste no pien­sa, ‘aunque contra su voluntad, dejar de cumplir la palabra empeñada; únicamente, antes de poner a salvo a Don Fernando, pretende saber quién es y si Doña Flor es inocente o culpable. El otro confiesa su nombre, pero se niega a romper su silencio respecto a la dama. Cruzan las espadas y cuando Fernando cae vencido, y continúa callando, el marqués, admirando tanta fuer­za y nobleza de ánimo, le concede la vida, pidiéndole su amistad. En la lucha ha ven­cido al matador de su hermano, pero perdonándolo se vence a sí mismo y adquiere un amigo. Entretanto el rey quisiera casti­gar al matador desconocido, pero el mar­qués, su confidente, finge no conocerlo; por el contrario, pide y obtiene el perdón real. Don Diego, hermano de Doña Flor, ama, sin ser correspondido, a su amiga Doña Ana; de acuerdo con los criados, entra de noche en su habitación y emplea la violencia, fingiéndose el marqués. Éste ha recibido del rey el encargo de hacer matar a Don Pedro de Luna, reo de haber violado la clausura del palacio para enamorar a una dama; pero, movido siempre por sus impulsos ge­nerosos, el marqués le encarga que susti­tuya en Granada a un general muerto en combate contra los moros. Don Pedro cree que obra por envidia, y cuando Doña Ana denuncia al rey la afrenta sufrida, se ale­gra de presentar al marqués bajo pésimas luces al rey, quien lo hace encarcelar. Por fin, sin embargo, todos reconocen los pro­pios errores y corren a libertar al marqués, compitiendo en generosidad. El rey, entonces, conmovido por tanta virtud, concede a todos perdón y libertad.

El carácter de los personajes de esta comedia, entre los cuales descuella la figura del marqués, Don Fadrique, por la rara nobleza de sus sen­timientos, refleja, además del gusto y tem­peramento particulares del poeta, el espíritu caballeresco del tiempo en que vivió. Esta­mos lejos de las excesivas idealizaciones. Los caracteres de los personajes surgen con singular evidencia de sus pasiones fervo­rosamente vividas, pero frenadas y aun do­madas por una voluntad enérgica, sostenida por una inteligencia lúcida y siempre dis­puesta al bien. Entre las figuras femeninas de esta comedia, la de Doña Flor es sin duda de las más logradas en el teatro de Alarcón: algo frívola y coqueta, pero, en el fondo, también leal y generosa.

A. Manganiello