El Cuento de Grasso, el Carpintero, Antonio Manetti

[La novella del Grasso Legnaiolo]. Es­crito a mediados del siglo XV y atribuido a un tal Antonio Manetti (1423-1497), litera­to y estudioso de problemas de arte, espíritu agudo y extravagante. La celebridad de esta novela corta se debe a su carácter sin­gular. Aunque su trama consista en una burla bastante parecida a muchas otras (es­pecialmente a la de Boccaccio sobre Calandrino), la narración tiene movimientos y accidentes que transportan el interés a una zona más elevada de inquietudes men­tales y de angustias casi alucinantes. Otra causa de la popularidad de la narración pro­viene del hecho de que la burla es atribuida (y parece auténtica) a Filippo Brunelleschi, el gran arquitecto de la cúpula de Santa María del Fiore, de Florencia.

Un grupo de amigos, capitaneados por Brunelleschi, para vengarse de cierto Grasso, carpintero, que no había ido a cenar con ellos, imaginan hacer creer a Grasso que no es él, sino que, aunque cree ser Grasso, es en realidad un tal Matteo. Preparado todo, Brunelleschi entra en casa de Grasso, por la noche, y cuando su víctima se retira, al encontrar la puerta cerrada, imita su voz y le con­testa que Grasso es él, y le habla llamándole «Matteo». Con ello Grasso se descon­cierta hasta el extremo de creer que ha perdido la memoria, y sale en busca de sus amigos, todos los cuales le llaman Mat­teo; incluso como a tal Matteo, los delega­dos de los mercaderes le detienen por cier­tas deudas no pagadas. En la cárcel un amigo suyo no le reconoce, un compañero le cuenta varios casos de pérdida de la memoria, de modo que Grasso no sabe quién es realmente. Luego le hacen dormir con opio, lo devuelven a su casa y lo acuestan con la cabeza en el lugar de los pies y con todos los muebles cambiados de sitio. El despertar no le aporta la completa seguri­dad de su identidad propia; siempre le que­da una duda: ¿es Grasso o Matteo? La extravagancia de la burla y la aún superior de la narración, tienen ciertamente rasgos de modernidad, que explican que la novela haya atraído durante más de cinco siglos la curiosidad de los lectores.

M. Ferrigni