Cancionero de Obras de Burlas Provocantes a Risa, Usoz del Río

Esta obra, pu­blicada en Valencia en 1519 por vez primera, sólo conoce dos ediciones completas poste­riores, una del 1841 en Londres a cargo de Usoz del Río, de quien es el prólogo que le acompaña, y otra del 1951 en Valencia, que es una reproducción facsímil de la de 1519. La de Usoz del Río es la más conocida y a la par la más pintoresca, pues, al sorpren­dente y licencioso conjunto que de por sí forman las sesenta y dos composiciones que recoge el Cancionero, se han añadido unas «Advertencias previas del editor» y un «Apéndice», con algunas composiciones más, los cuales vienen a redondear el ya tenden­cioso carácter de la obra. La casi totalidad de las composiciones de nuestra obra pue­den leerse en el Cancionero General de Her­nando del Castillo. La característica común a la mayor parte de ellas es la obscenidad y el desenfado con que son tratados los te­mas; el lenguaje, más que crudo, resulta excesivo y lo que, al principio de su lectu­ra, pudo parecemos divertido acaba por cansarnos. Sorprenden dos procaces composi­ciones de Jorge Manrique, más que por su naturaleza, que no son ni mucho menos de las más desenfadadas del Cancionero, por el contraste que ofrecen con las restantes obras del poeta. Abre el libro el «…aposen­to que fue hecho en la persona de un hom­bre muy gordo llamado Javera» en el que se alude a algún hecho acaecido en Alcalá con motivo de la visita de Rodrigo de Borja, en calidad de legado pontificio; la com­posición es un verdadero libelo satírico con­tra los altos dignatarios eclesiásticos; la pin­tura de costumbres y la descripción del modo de arreglar el aposentamiento presta interés a la obra. Se sucede luego una larga serie de coplas y composiciones diversas en las que la burla, la sátira y la inmoralidad al­ternan sin reposo, para cerrarse el libro con la interesante «Visión deleitable», de influencia italiana, cuya elegancia salva un tanto la obscenidad del tema, y la «Carajicomedia compuesta por fray Buge de Montesino…» que, como su título indica, es la más desenfadada burla que pueda imaginarse.

A. Pacheco