Anfitrión, Tito Maccio Plauto

Varias comedias tienen este título; todas ellas derivan de la latina [Amphitruo] de Tito Maccio Plauto (hacia 254-184 a. de C.) que con la pintura viva­císima y farsesca de ciertas desaventuras conyugales y disfrazadas en la leyenda y en los mitos religiosos, inicia un tema que será muy fecundo en la escena. Júpiter, enamorado de Alcmena (v.) desciende a la tierra y con el fiel Mercurio, mensajero del Olimpo, va al palacio de Tebas, en Grecia, donde ella reside como esposa del sobera­no : y con las ropas de su marido Anfi­trión (v.) que en realidad está en la gue­rra a la cabeza del ejército, se presenta a ella. Alcmena le recibe, creyendo que es su marido y conmovida por su valor en la guerra se entrega a él en una larga noche de amor. En tanto llega el verdadero Anfi­trión precedido de su criado Sosias (v.): en el encuentro de éste con el falso Sosias (esto es, Mercurio), que está de guardia en la puerta, se origina una disputa vivaz, que por su popularidad —sobre todo en la refundición de Moliere — ha dado origen al nombre de «sosias» para designar al «do­ble» de otra persona. Aquí la trama ad­quiere el sabor de una comicidad más sutil por medio de la situación de Alcmena. Jú­piter se despide; Anfitrión que regresa del campo de batalla, se entera de que alguien ha pasado la noche en la casa y se ale­ja lleno de inquietudes y sospechas. He aquí que vuelve Júpiter, y se inicia en la trama una nueva ficción; al llegar el ver­dadero Anfitrión, ya no se sabe en escena cuál de los dos es el falso. En tanto un desenlace algo repentino, el anuncio divino del nacimiento de dos gemelos, esto es de un hijo de Anfitrión y del semidiós Hércu­les, fruto de los amores de Alcmena y Jú­piter, concluye la comedia. El principal va­lor de ésta reside en la duda que asalta a Anfitrión y Sosias acerca de la identidad de sus propias personas físicas e intelec­tuales, y se manifiesta en el contraste entre los dos Anfitriones y los dos Sosias, con escenas chispeantes de jocundidad verda­deramente farsesca. El amor puro y senci­llo de Alcmena no tiene manera de dejar desenvolverse las complicaciones que la trama reservaba en el estudio de los ca­racteres, y su personaje resulta más que otra cosa un hábil punto de referencia a la acción. [La primera traducción castella­na del tema es el Anfitrión del Dr. Fran­cisco López de Villalobos (Alcalá de He­nares, 1517), a la que sigue la adaptación del insigne humanista Fernán Pérez de Oli­va, El nacimiento de Hércules o comedia de Anfitrión en español (Sevilla, 1525) y la comedia Anfitrión de Juan de Timoneda (m. 1583)].

C. Cordié

*      La comedia Anfitrión [Anfitroes] de Luis de Camoes (1524-1580), escrita parte en portugués y parte en español, deriva di­rectamente de Plauto. Su argumento es re­petido sin notables variantes. Es obra juve­nil de escaso valor.

*     Pero la primera reelaboración original del tema plautino es el Amphitryon de Jean-Baptiste Pocquelin, de seudónimo Mo­liére (1622-1673), fue representado en 1668. La trama está aquí revivida en una vivaz idealización en que se refleja la vida de la Corte de Luis XIV, el Rey Sol. La tenuidad de las situaciones psicológicas se hace to­davía más vaporosa por los versos, leves y musicales; sobre todo ello aletea una son­risa de artista que parece desinteresarse de la vida de sus propios héroes. El hecho de que en Júpiter se vislumbre al omnipotente soberano de Francia con sus felices amores — aunque la referencia que suele hacerse a la marquesa de Montespan (1641-1707), su primera y famosa favorita, sea poco exacta dada la fecha de la obra— esto no impide que Moliére, una vez tomados los persona­jes de la comedia plautina, no sienta verda­dera simpatía por Alcmena así como por Anfitrión y tampoco por el padre de los dioses. La comedia halla su razón de ser en briosos movimientos que tienen la ame­nidad musical de un «vaudeville». De tal modo, hasta la misma figura de la heroína parece un leve punto de enlace sin verda­dera consistencia, mientras que también Mercurio se divierte como su amo con Cleantida.

C. Cordié

Por su asunto bien conocido y clasifica­do, por su gracia decorativa, por su aire de reírse de todo aquello que da vida, esta comedia reproduce la atmósfera de pla­centera indiferencia ante los contratiempos de los hombres, que hace ondear al mundo, rotos todos los cables que lo sujetaban, ante los ojos medio cerrados de los espectadores. (R. Fernández)

*      Sigue el Anfitrión o los dos Sosias [Amphitryon or the two Sosias] de John Dryden (1631-1700), comedia en cinco actos, en verso y en prosa, fue representada y publi­cada en 1690. Está basada sobre las come­dias de Plauto y de Moliére y tal vez su­pera a sus modelos por la vivacidad de los episodios humorísticos, que merecieron los elogios de Walter Scott. Para ella Henry Purcell (1658-1695), escribió algunas músi­cas de escena recordadas por él mismo en su prefacio a su Anfitrión donde alaba a Purcell diciendo que es «un inglés que iguala a los mejores extranjeros»

M. Praz

*      Heinrich von Kleist (1777-1811) resume en su Amphitryon (1807) la estructura del Anfitrión de Molière y, casi sin cambiar el orden de las escenas, da al tema un carácter totalmente nuevo: la pasión de los personajes crea un verdadero drama mientras que en la trama, ya sea en sí ya por si misma complicada, los elementos místicos convergen en una nueva concepción filosófica de la personalidad del dios Júpiter. Asimismo, el desenlace tiene algo más exteriormente grandioso que el de Molière y, en cierto modo, se enlaza con el Anfitrión de Plauto: todo el pueblo reunido es convocado para asistir a la voluntad del dios que al fin se revela en todo su poder. Es cierto que en esta nueva estructura de la comedia los diversos temas no siempre se funden fácilmente en un todo; en medio y en contraste con las escenas cómicas que tienen lugar especialmente entre Sosias, Mercurio y Caris (la Cleántide de Molière), la figura de Alcmena mantiene toda la pureza e idealidad de mujer romántica. En realidad, en ella no se da aquella “confusión de los sentidos” de que habló Goethe en una de sus notas críticas. Ama en su marido al hombre heroico de su ensueño y como cree reconocerle en el dios que la engaña, su inconsciente traición se convierte en la más confiada y feliz entrega al hombre de su culto. Misterio psicológico y tono de farsa intentan, en cierto modo, converger armónicamente en una expre­sión más compleja, que da a la obra un valor singular. En efecto, es una de las más sugestivas interpretaciones del drama de Alcmena, en el que Plauto casi únicamente había vislumbrado un motivo de comicidad y del cual se había valido Moliére para sa­car de la fábula antigua una trama de co­media ligera y sonriente. El romántico Kleist había de ser el primero que aprecia­ra en la fábula antigua la tragedia de la mujer, que en el ardor de los sentidos lleva una luz de pasión en que brilla su espi­ritualidad y su personalidad moral se re­dime y transfigura.

C. Cordié

*      Finalmente debemos recordar a Ludo- vico Dolce (1508-1568), cuya comedia, El marido [II marito], es una traducción del Anfitrión de Plauto; y entre los contempo­ráneos, a Jean Giraudoux (1882-1944) con su Anfitrión 38 [Amphitryon 38], represen­tado en 1929, y que lleva ese título porque quiere ser el trigésimo octavo «rifacimento» (sin citar las obras perdidas) del mito de Alcmena. La vena deslumbrante e in­geniosa del escritor puede apreciarse en la manera en que la fábula antigua, tan cara a los teatros de Grecia y de Roma, es pre­sentada de nuevo a los espectadores de Pa­rís, después de la obra prestigiosa y pican­te de Moliére. Pero su Alcmena deberá ig­norar — por diversas vicisitudes de la tra­ma — que se ha sometido al engaño del dios Júpiter—. Asimismo, tampoco el ma­rido, Anfitrión, conocerá la mala acción del dios: mala acción que, a pesar de haber hallado cabida en la feliz leyenda en que los griegos envolvieron los orígenes de su poderoso héroe nacional, Hércules, no debe ya — después del romántico «rifacimentó» de Kleist — ser, en su crudeza, conservado para el espectador moderno. La obra, que reivindica la inocencia pasional de Alcme­na, es briosa y amable. Con finísimo garbo, el escritor francés ha querido renovar el mito clásico, dando nuevo valor, humano y patético, a la antigua trama. Y esto hasta el extremo de que Júpiter, el dios engaña­dor, al comprender la belleza del afecto humano y al juzgar su propia situación respecto a Anfitrión, queda en cierta ma­nera redimido de su omnipotente manera de actuar. Con ello, el escritor contribuye a quitarle a la obra ese tono de sutil injus­ticia que caracteriza el relato pagano.

C. Cordié

*     De la comedia de Plauto, proceden tam­bién algunos melodramas. Además de la ya citada obra de Purcell, debemos mencionar la ópera de Francesco Gasparini (1668-1727), Anfitrione, representada en Roma, en 1707; y el Amphitryon de Modest-André Grétry (1741-1813), una de las más conocidas producciones del fecundo músico francés, representada en París en 1788. El libreto de esta ópera en tres actos se debe a Michel-Jean Sedaine (1719-1797), que lo sacó directamente de la comedia de Moliere.