Walthario el de las Fuertes Manos, Ecchard de Saint-Gall

[Vita Waltharii manu fortis]. Se trata de un breve poema épico compuesto en len­gua latina en 1.456 hexámetros (con algún leonino intercalado), del monje alemán Ecchard de Saint-Gall (900/910-973) y revisado en su estilo, a principios del siglo XI, por Ecchard IV, monje del mismo convento.

El argumento es una antigua saga germana que se halla en el fragmento del lay anglo­sajón King Waldere, del siglo VIII, conser­vada en algunos fragmentos alemanes, en la nórdica Saga de Teodorico (v.) y en la Crónica de la Novalesa (v.), y mencionada en los Nibelungos (v.) y el Biterolf (v.). Este argumento es, con las variantes intro­ducidas por Ecchard, el siguiente: en la corte misma de Atila (v.), que ha sometido tres reinos germánicos, se encuentran como rehenes Hagen (v.), súbdito del rey Gibich de los francos; Walther (v. Walthario), hijo del rey Alphere de Aquitania, y la princesa Hiltgunt, hija del rey Heinrich de los burgundios. Los tres rehenes son tratados por Atila y su esposa con mucha humanidad, y a Hiltgunt, que se ha captado la confianza de la reina, le son confiados hasta los teso­ros de la casa real. Mientras tanto, Hagen, al saber que el rey Gibich ha muerto y que su sucesor Gunter (v.) se ha liberado de sus compromisos con el rey huno, huye de la corte de Atila y vuelve a su patria.

Entonces, también Walther e Hiltgunt, que se han prometido, deciden huir y, en efecto, con astucia, consiguen eludir la vigilancia de Atila y escapan con el tesoro que había sido confiado en custodia a Hiltgunt. A los cuarenta y un días llegan cerca de Worms, donde el rey burgundo Gunter, que se ha enterado de la llegada de los dos fugitivos cargados de tesoros, los asalta junto con doce hombres, entre los cuales se halla su vasallo Hagen, que ha vuelto de su cauti­verio huno. Walther, sin perder el ánimo, consigue vencer a once adversarios en once encuentros, y al final corta una pierna al rey Gunter y ciega de un ojo a Hagen, mientras él queda manco de la mano dere­cha. Así termina la batalla; los tres super­vivientes se curan las heridas asistidos por Hiltgunt y prosiguen el viaje a su patria, donde desde la muerte del rey Alphere reinan felizmente durante treinta años. El Waltharius es un poema épico-caballeresco- religioso mezclado de elementos diversos, en parte tomados de la saga, en parte mo­dificados de conformidad con el pensa­miento cristiano, en parte determinados por su modelo virgiliano y en parte, en fin, inspirados en la observación directa de la realidad de la época.

Mientras otros per­sonajes, como Hagen, conservan intacto el carácter de héroe de la saga, Walther se ha gentilizado según el modelo de Eneas (v.) y le son atribuidas empresas que ya hacen pensar en una figura de caballero a un mismo tiempo valiente y piadoso, de fuerte brazo y ánimo apacible. Pero a este poema le falta el gran aliento épico, aunque en momentos y episodios aislados parece a ve­ces transparentarse por debajo de las pala­bras latinas un texto germánico más anti­guo. Sus cualidades son otras, «más modes­tas pero más modernas»: desenvoltura en su narración, claridad, capacidad de individua­lizar los personajes hasta con notas realis­tas, humorísticas y, especialmente, la «Lust zu fabulieren», el «placer de contar». Por estas cualidades agradó tanto a la burguesía del siglo XIX cuando Viktor Scheffel lo tra­dujo en fluidos versos alemanes y lo insertó, por entero, en su novela Ekkehard (v.).

M. Pensa