La Esfera y la Cruz, Gilbert Keith Chesterton

[The Ball and the Cross]. Novela publicada en 1909, una de las más significativas para la com­prensión del arte y del pensamiento del autor. Aquí la aventura, todavía más fan­tástica e irreal que en los demás relatos, insinúa apenas con una alegoría la lucha abierta entre las dos tendencias opuestas del fanatismo místico y del materialista.

El título deriva de una conversación entre el profesor Lucifer y el monje Miguel, mientras, a bordo de una aeronave, dan vueltas sobre Londres en tomo a la cruz plantada sobre la enorme esfera que es la cúpula de San Pablo y sobre la cual, en un momento de cólera, el profesor acaba arrojando al monje. Entre tanto, en la ciu­dad, Evan McJan, apenas llegado a la ciudad de su nativa Escocia, con un baga­je intelectual de violenta intransigencia católica, lee por casualidad en una página de periódico expuesta en la puerta de la redacción del «Ateo», un insulto contra su fe; rompe el cristal, maltrata al director James Turnbull y lo desafía.

Turnbull acepta el desafío con gran entusiasmo: es la primera vez que un artículo suyo es to­mado en serio; pero las leyes inglesas pro­híben el desafío y ambos, para realizar su lance caballeresco, inician una serie de tentativas siempre interrumpidas por la in­tervención de la policía y por fugas aven­turadas, mezcladas con interminables dis­cusiones que surgen de las situaciones más extrañas, y a consecuencia de encuentros con tipos rarísimos que personifican las diversas tendencias del pensamiento.

Las discusiones van haciéndose cada vez más suaves y amistosas; en el curso de muchas aventuras, Evan encuentra a la mujer in­telectual y escéptica, pero sincera y se­dienta de verdad, a la cual comunicará su certidumbre, y James encuentra a la mujer arraigada con sencillez a la fe absoluta, que lo elevará hasta sí. Al fin ambos an­tagonistas se encuentran unidos en una amistad perfecta, pues han alcanzado, por encima de todo fanatismo, la paz de la certidumbre. La lucha entre los contrarios halla así una superación y una conciliación en el amor fraterno; el ideal triunfará siempre sobre lo material porque incluso la actitud más escéptica y desesperada, cuando se defiende con fervor, oculta en sí un idealismo místico que el amor puede revelar fácilmente. Así el monje Miguel triunfa del doctor Lucifer, y la cruz se eleva victoriosa sobre la esfera. [Traduc­ción «Austral» Buenos Aires, 1940].

F. Ballini

Si en Shaw de una premisa grave, algu­nas veces presuntuosa, se va a parar a menudo al absurdo moral y formal, para no volverse a levantar, en Chesterton del exterior humorista y burlón, se procede hacia persuasiones cada vez más comuni­cativas y coherentes. Por un camino ilu­minado con linternas venecianas, y un tu­multo de máscaras vociferantes, conduce a sus lectores hacia el santuario; semejan­te al peregrino Abraham de Cavalca, que se vistió de ricos trajes para entrar en el antro de perdición y convertir a su so­brina. (E. Cecchi).