Veda y Muerte de Jordi Fraginals, Josep Pous I Pagés

[La vida i la mort d’En Jordi Fraginals]. Novela del escritor catalán Josep Pous I Pagés (1873-1952), publicada en 1912, en Barcelona, y reimpresa en la misma ciu­dad en 1916, 1926, 1937 y 1947. La acción se sitúa a fines del pasado siglo, y su pro­tagonista es el segundón de una rancia familia de propietarios rurales establecida desde hace siglos en el Mas Fraginals, rica hacienda enclavada en el término de San Esteve de la Valí, pueblo imaginario de la montaña catalana.

El padre, Mateu Fraginals, es un hombre chapado a la antigua, tradicionalista, autoritario hasta el despo­tismo, que no reconoce más ley que su voluntad de dueño y señor. Siguiendo una costumbre familiar, Jordi es destinado a la carrera eclesiástica a pesar de su evi­dente falta de vocación. Valeroso, impulsi­vo, audaz, su carácter lo lleva a los juegos violentos y peligrosos; con todo, la tradi­ción de los Fraginals debe cumplirse, y Jordi es iniciado en los secretos del latín por mosén Llorenç, párroco de San Esteve. Humanista de espíritu abierto, el sacerdote no tarda en percatarse de que el niño no ha nacido para cura, y así trata de hacér­selo comprender a su padre; pero éste se muestra inflexible, y en su día Jordi es enviado al seminario. El adolescente cae en una profunda melancolía, lo cual advertido por su buena madre, Mariagna, ser resig­nado y borroso, produce en ella desasosiego y lágrimas.

Jordi prosigue sus estudios de manera rutinaria, bajo la férrea presión de la voluntad paterna. Pasan los años hasta que un día el joven seminarista conoce a su prima Alberta, hermosa y delicada criatura de dieciocho años. En su compañía vive las gozosas jornadas de la fiesta mayor de Mas Fraginals. Nace entre ambos jóvenes un amor ingenuo e inconfesado, y el ca­rácter de Jordi experimenta una mejoría radical, con gran satisfacción de su madre, que no sospecha la verdadera causa del cambio. A partir de aquel momento la vida de seminario será una tortura para Jordi; el recuerdo de Alberta le obsesiona, y una noche huye, descolgándose por la ventana de su celda. El fugitivo se refugia en la rectoría del bondadoso mosén Llorenç. el cual intenta entonces, por segunda vez, quebrar la terquedad del padre, pero éste, lejos de ceder, declara que si su hijo no vuelve al seminario lo repudiará para siem­pre.

Así sucede, y el joven es acogido con los brazos abiertos por su tío Martí Pujades, hermano de Mariagna, solterón de ideas republicanas, con fama de hereje, pero hon­rado a carta cabal, que en su juventud luchó contra los carlistas y más tarde amasó una modesta fortuna en Cuba. Una vez seguro del amor de Alberta, aun con la oposición interesada del padre de ella, el joven Fraginals emprende, protegido por su tío, un negocio de tala de bosques, para el que demuestra en seguida extraordinaria disposición. Los enamorados esperan ansio­sos alcanzar la mayoría de edad para ca­sarse; y en su día es mosén Llorenç quien bendice la unión, a la que asiste Mariagna a escondidas de su marido. Entre tanto, los negocios de Jordi marchan viento en popa. El nacimiento del primer nieto aumenta los callados sufrimientos de la abuela a causa de la separación, pero no ablanda en modo alguno el corazón de Mateu. El golpe hiere la ya quebrada salud de Mariagna, la cual muere.

Alberta da un segundo hijo a Jordi. Éste imprime nuevos y más amplios alien­tos a su negocio; en determinado momento compromete casi todo su capital en la com­pra de unos bosques de gran extensión que cubren valles y montañas; pero apenas ini­ciada la gigantesca tala, un incendio des­truye aquella inmensa riqueza forestal. El infortunio no abate a Jordi, quien, siempre con las miras puestas en el porvenir de sus hijos, no tarda en recuperar su antigua si­tuación. Murió en paz el tío Martí, legando a Jordi toda su fortuna; y falleció poco después el viejo Fraginals, fulminado por una apoplejía. Pero la vida sigue y ahora la felicidad parece sonreír a la familia de Jordi: los hijos crecen y estudian con pro­vecho y, sin duda, llegarán a ser dos hom­bres de carrera. Pero he aquí que un día Jordi- nota que en la comisura de sus labios ha brotado una pequeña costra; de momento ni él ni nadie le da importancia a tan insignificante mal; pero el grano se muestra rebelde a todos los tratamientos corrientes y de vez en cuando el hombre siente unos terribles aguijonazos en la parte dañada.

Jordi sufre y calla, pero ya la inquietud ha prendido en Alberta. A escondidas de su mujer, el enfermo consulta a un afamado doctor de Barcelona, el cual, instado por Jordi, termina por declararle la verdad: su mal es incurable y mortal, un cáncer; la intervención quirúrgica sería ya inútil. El hombre se sabe, pues, condenado a la última pena y el plazo es breve; además, la muerte irá precedida y acompañada de atroces sufrimientos. Jordi contempla su situación con fría serenidad: dispone del tiempo justo para liquidar sus negocios y adquirir una magnífica y productiva ha­cienda en el Ampurdán. De esta manera el porvenir de los suyos quedará asegurado. Ya instalado con su familia en la nueva casa, celebra una fiesta a la que invita a parientes y amigos. Su brindis, de acentos lúgubres, desconcierta a todos.

El mismo día, ya terminada la fiesta, se despide de sus hijos; y al anochecer, sentado junto a su esposa a la puerta de la masía, le con­fiesa toda la verdad. Pero él no puede re­signarse a sufrir porque sí, sólo para morir: buscará la muerte inmediata. Alberta, ate­rrorizada y en un transporte de desesperada pasión, le dice que quiere morir con él. Pero Jordi no puede aceptar el heroico sa­crificio: los hijos la necesitan. Los esposos pasan aquella noche estrechamente abraza­dos bajo el cielo de abril, y al despuntar el alba Jordi se separa dulcemente de su fiel compañera y, tras envolverla en una mirada de suprema ternura, desaparece cuesta abajo, entre los viñedos, hacia la muerte. La novela presenta una fuerte uni­dad y está bien estructurada, y en el mo­mento de su aparición significó una actitud ambiciosa y audaz, frente a tradicionales prejuicios de orden social y religioso, pero carece de verdaderos análisis psicológicos y los caracteres son de una pieza, casi pro­verbiales.

En algunos pasajes — como en la descripción del incendio del bosque — el estilo adquiere cierta grandeza, si bien en general se resiente de falta de malicia lite­raria. La producción novelística de este autor comprende, además: Per la vida (1903), Quan se fa nosa (1904 y 1948), Ernpordaneses (1905), narraciones breves; y Re- volta (1906), todas ellas estimables.

J. Oliver

La narración es de lo más sobrio, más robusto, de lo más narrativo que conoce­mos. Toda una novela y no más que una novela. (Unamuno)