Un Servilón y un Liberalito, Fernán Caballero

Novela de Fernán Caballero (pseudónimo de Cecilia Bóhl de Fáber, 1796-1877), pu­blicada en 1857 con el subtítulo «Tres al­mas de Dios». ¿Cuáles son las tres almas de Dios? Un maestro jubilado, su hermana y su esposa, que habitan un castillo ruinoso y vegetan con su fe en Dios y su fidelidad al rey — miseria digna y recogida, llena de elevados pensamientos—, hasta que el jo­ven Leopoldo Artas viene a turbar tanta paz con su condición de perseguido político. El contraste de ideas entre los dos hom­bres no impide, sin embargo, la más generosa hospitalidad en la pobre y mísera casa; es más: las mujeres demuestran una pre­ocupación casi maternal hacia el joven re­belde.

Pero su insoportable vida de des­terrado dentro de cuatro paredes y una juvenil petulancia inducen a Leopoldo a salir para dar una vuelta por el pueblo. Reconocido por Margarita, la pequeña hijita de una hermosa señora cubana amiga suya, se ve obligado a huir llamando la atención de la policía y ocasionando un sin­fín de desgracias a sus huéspedes, acusados de estar relacionados con un conspirador. Y mientras el joven continúa sus peregrina­ciones para huir de una justicia a la que no reconoce legalidad alguna, siempre des­cubierto por la locuaz Margarita, el viejo maestro de escuela y las dos resignadas mu­jeres sufren las consecuencias de su gesto de humanidad y la violencia de la policía; pero el premio no está lejos, y el bonda­doso anciano, que tan serenamente había sostenido ante el joven su lealtad y ahora es considerado como un revolucionario, pre­cede en el cielo a sus compañeras. El fon­do histórico de los movimientos liberales nos lleva a un ambiente donde los grandes conflictos y las grandes ideas se amortiguan en almas llenas de caridad evangélica y de «pobreza de espíritu».

La idealización de que a menudo peca la autora, a duras pe­nas se deja sentir en aquellas tres cria­turas sencillas, verdaderas almas de Dios, prontas a cualquier riesgo y a cualquier tolerancia por un alto sentido de genero­sidad que se dirige incluso hacia quien, a sus ojos, no es ciertamente un modelo de virtudes, por ser rebelde a su rey y por su anticlericálismo; almas sencillas y bue­nas, encantadas por la belleza de la natu­raleza, que renuncian a comprender tan­tísimos porqués y piden al Cielo su ayuda. Leopoldo Artas, la pequeña Margarita y la madre de ésta son, en cambio, seres de un mundo más complicado, figuras de la sociedad burguesa, de sentimientos y ten­dencias liberales, pero poco preparada aún para el riesgo y el triunfo. La trama es poca cosa, pero por todas sus páginas sopla un hálito de poesía que se difunde a tra­vés de la descripción hechizada del pai­saje y de la realidad de los tipos humanos rodeados siempre por la viva simpatía de su creadora.

E. Lunardi