Raucho, Ricardo Güiraldes

Publi­cada en 1917, señaló sobre los dos libros ini­ciales, El cencerro de cristal y Cuentos de muerte y de sangre, ambos de 1915, el paso hacia la novela, itinerario cuyo término fue Don Segundo Sombra (v.).

En Raucho, el autor revivió los «momentos de una juven­tud contemporánea», cambiantes aspectos de la existencia pletórica y desordenada de un muchacho criollo, hijo de un hacendado rico y tempranamente viudo: la infancia transcurrida a campo abierto, los opresores años de colegio, el despertar de los sen­tidos, la juventud áspera y fuerte en los trabajos de la estancia, la conquista del cuerpo y del alma por las seducciones de la ciudad, luego París y su victoria total so­bre el cuerpo y el alma por el placer y el vicio, hasta la internación en un sanato­rio, y por fin, la vuelta a la patria, el res­cate y la salvación.

El andrajo humano envilecido en tierra extraña vuelve a ser lo que era en la pampa, inmensa reserva de energías. Es el viejo tema del contraste entre la ciudad y el campo, renovado por una sensibilidad artística moderna. Tejida la narración con experiencias de la propia vida del autor, anticipa a Don Segundo Sombra en la pintura exacta y vigorosa de] ambiente, los trabajos y los tipos campe­sinos; y la ya famosa glorificación del gau­cho resero se enlaza con su antecedente literario al convertir al final en padrino del gauchito protagonista a don Leandro Galván, padre de Raucho, y en su mentor culto al propio Raucho, ya recuperado por su tierra.

La lengua, salpicada de solecis­mos y galicismos, es indecisa y a menudo amanerada, con abuso de giros abstractos de filiación impresionista; pero personal, diestra en trasponer en imágenes corpóreas lo incorpóreo, en espiritualizar lo material, y en crear lo mismo la atmósfera sana de la pampa que la viciada del París visto por Raucho a través de la bruma del alcohol y los excitantes.

R. F. Giusti