Peer Gynt, H. Ibsen

drama en 5 actos

Peer Gynt (personaje para el que Ibsen se inspiró en una fá­bula popular noruega) es un jovenzuelo fanfarrón que va de aventura en aventura. Peer vive desprocupado de las virtudes corrientes y de los sencillos dones de la vida, si­guiendo nada más que el imperativo «sé tú mismo»; esta ambigua aspiración lo lleva a vivir en un mundo don­de la fantasía y la realidad acaban por confundirse hasta tal punto que Peer, en definitiva, durante largos años pa­rece sólo engañarse a sí mismo y a los otros.

Únicamente su madre Aase, figura dominante de su vida, logra seguirlo en su mundo fantasioso. Los episodios destacados del drama trazan un cuadro simbólico de la existencia de Peer Gynt; el Peer que, de adulto, juega con su madre como un niño; el Peer que rapta a una muchacha (Ingrid) en víspera de su boda y en seguida la abandona; el Peer que huye de su pueblo natal y se encuentra con la hija del Viejo de Dovre, el rey de los trolls o trolds, los espíritus del bosque. La princesa quiere casarse con Peer y se lo lleva al mundo de los trolls donde Peer, atraído por la posibilidad del poder, de los honores y las rique­zas, a punto está de aceptar convertirse a su vez en un troll. Pero se lo piensa y consigue huir.

Muere la madre entre sus brazos y Peer inicia un vagabundeo por toda la tierra, rechazando incluso el amor sincero que le ofrece la dulce Solveig. Sus viajes lo llevan a los países más re­motos; se aventura a las experiencias más diversas y en­cuentra a personajes misteriosos (de evidente significado simbólico, como «el fundidor de botones» o el moralista que lo condena). Por último, Peer regresa a su patria, pero ha llegado a la última etapa de su vida. El Viejo de Dovre le informa de que ha vivido como un troll, no como un ser humano. Pero Peer tiene donde refugiarse: en Solveig, que, ahora ya vieja, todavía lo ama y no ha dejado un solo instante de esperarlo fielmente. Al lado de ella, que lo acuna dulcemente y le canta una dulcísi­ma nana, Peer muere tranquilo.