[Le passé vivant]. Novela de Henri de Régnier (1864- 1936) publicada en París en 1905. Un historiador de edad ya avanzada, Charles Lauvereau, vive absorto en el pasado; indiferente a la sociedad, a las mujeres del día, le encanta la vida del siglo XVIII con sus nobles elegancias, con sus gracias geniales.
Amigo del historiador es Jean de François, heredero de un buen nombre, que intenta escapar de la tiranía de su padre, el cual querría casarlo con una rica heredera americana e inducirle a vivir de un modo verdaderamente noble y austero. El primo de Jean, Mauricio de Jonceuse, es más prosaico, más vinculado a la vida cotidiana, y acaba casándose con una jovencita reflexiva y romántica, Antoinette Saffry.
Un personaje importante es el conde italiano Ceschini, que después de abandonar una desenfrenada vida de placeres, vive desde hace años entregado a un amor apasionado que se ha resuelto en matrimonio. En esta atmósfera de lujo se van perfilando como héroes de la novela Charles y Jean.
El historiador poco a poco se deja vencer por una penetrante pasión hacia una joven amante y acaba casándose con ella, abandonando sus investigaciones y entregándose a los fáciles triunfos del periodismo.
En cambio, el joven siente un interés cada vez más fuerte por el pasado: el hallazgo casual de la tumba de un antepasado suyo con su mismo nombre de pila, caído en Italia durante una campaña militar, incita a hacer vibrar en sí al «pasado viviente» y a no soñar más que en las pasiones lejanas y bellas de las que ya sólo quedan retratos, cartas y documentos.
Dentro de este sueño de felicidad, Jean acaba por experimentar una creciente simpatía, que se transforma en pasión, por su nueva prima, Antoinette, la cual, después de una primera entrega, retrocede dolorida y asustada.
Jean, que ha presenciado la ruina de su familia después de la muerte de su padre, prende fuego al castillo y desaparece para suicidarse ante la tumba del antepasado, en el lejano país de Italia, testigo de sus gestas y de su último latido de amor.
La novela, construida a base de una fiel descripción de caracteres y tendencias espirituales, parece un desfile de miniaturas como variaciones en torno del tema, exquisitamente literario: la nostalgia de un pasado armonioso y fascinante, ya lejano en el tiempo.
Régnier manifiesta una vez más su preferencia por las figuras ligeras y difusas, que van de pasión en pasión; y también, al recordar la figura de Casanova, renueva su admiración por la ciudad de Ve- necia, sus amores, sus lagunas, y por todas las maravillas de Italia.
C. Cordié

