El Párroco de Kirchfeld, Ludwig Anzengruber

[Der Pfarrer von Kirchfeld]. Drama de ambiente rural que en 1870 reveló al poeta popular austríaco Ludwig Anzengruber (1839-1889), el último de los grandes creadores del «Volksstück» vienés. La tendencia es anti­clerical, conforme al espíritu de la época.

Sobre el fondo idílico de dos pueblecitos de montaña sobresale la figura de un joven párroco, espíritu libre, representante de la corriente «ilustrada» (de ahí su nombre Hell, es decir «claro»), en oposición al con­de Finsterberg (finster: «oscuro»), resto de aquella nobleza feudal-clerical que actuaba en la sombra para sofocar la nueva libertad de pensamiento.

Entra de criada en casa del párroco la joven Ana, que despierta en él un sentimiento de tierno y puro afecto. Pero Wurzelsepp, que odia al párroco y a la Igle­sia porque durante su juventud le habían impedido un matrimonio de religión mixta, viendo que el párroco regala a la joven una cruz de oro lo denuncia a la maledi­cencia del pueblo.

Ana, para poner fin a las malignas habladurías, acoge de buen grado el amor del joven Miguel y ruega al párroco que bendiga su boda. Mientras tan­to, la madre loca de Wurzelsepp se suicida, y éste, olvidando su odio, o tal vez pensan­do encontrar nuevos motivos para alimen­tarlo, se dirige a casa del párroco para rogarle que celebre los funerales de su ma­dre.

Pero queda desarmado y conmovido ante Hell, que sin reparos accede a ello; y desde aquel momento se convierte y se constituye en su defensor. El conde Fin­sterberg, empero, trabaja en la sombra en daño del párroco; y mientras éste, con el corazón destrozado se dispone a celebrar las bodas de Ana y Miguel, le hace llegar a sus manos la orden de sus superiores que le destituye de sus funciones y de sus votos eclesiásticos.

En medio de su dolor, Hell encuentra en las palabras de Ana un con­suelo y una esperanza. Su sincero amor ha­cia los hombres, su profundo afecto por la tierra donde ha nacido, su práctica teatral adquirida durante dos lustros de aprendi­zaje de actor, permiten a Anzengruber dar vida a figuras y tipos bien dibujados.

M. A. Zaghetti