[Au bonheur des domes]. Novela de Émile Zola (1840-1902), undécima de la serie de los Rougon-Macquart (v.), que, publicada en 1883, resultó una de las menos obsesionadas por las intenciones doctrinarias, aunque también esté dominada por la clara intención de ofrecer, a través de la sencilla trama, un preciso cuadro de vida social.
Dionisia, jovencita sencilla y graciosa, por la inesperada muerte de sus padres se ve obligada a abandonar la nativa Valognes, donde su familia tenía una pequeña mercería, y se dirige a París con sus dos hermanos, Juan y José, a quienes hará en adelante de madre, confiando en la ayuda de su tío Baudu, también mercero, emigrado hace tiempo a la capital, donde se dice que ha hecho fortuna.
Pero no tarda en advertir que, por el contrario, su tío está al borde de la ruina: suerte general que espera a todos los negociantes de los diversos géneros de mercería del barrio; todos quedarán inexorablemente arruinados por la despiadada competencia de unos nuevos grandes almacenes dirigidos y planeados con modernísima audacia e ideas grandiosas por un joven hombre de negocios meridional, Octavio Mouret.
Éste, atrevido y despreocupado, ha pasado con desenvoltura casi cínica de un éxito a otro y está persuadido de que el porvenir del comercio radica en la organización en amplia escala: en las grandes empresas capaces de lanzar al mercado cantidades increíbles de artículos de moda a un precio cada vez más bajo, que capten con su variedad y facilidad al gran público femenino de París, con una mercancía cuyo brillante aspecto sea a costa de la solidez tradicional.
Afortunado conquistador, Mouret aprovecha su mismo conocimiento de la psicología femenina y se procura también accionistas y aliados mediante dos amantes suyas; sin embargo, está dispuesto a abandonarlas cuando ya no le sirvan.
Después de algunas tentativas inútiles, la misma Dionisia se ve obligada a entrar, con gran dolor de su tío, como empleada, en el «Paraíso de las damas». Allí la ingenua provinciana, con su tímida gracia y su innato orgullo, suscita la simpatía de los hombres y los odios y rivalidades de las mujeres.
Pero lucha valerosamente y consigue al fin vencer en la dura contienda por su vida y la de sus hermanos. La mayor dificultad surge de su corazón; desde los primeros días ama y admira a Mouret, quien sin saberlo es también presa de la inesperada finura y la soberbia sencillez de la muchacha.
Cuando Mouret se dirige a ella con la acostumbrada franca brutalidad que adopta en casos similares, ella, a pesar de todo, encuentra la fuerza para rechazarlo, angustiada, no resignándose a la idea de ser para él sólo una aventura. El hombre sufre durante mucho tiempo y aquel sufrimiento le transforma y suaviza; admira cada vez más a Dionisia que, mientras tanto, se ha consolidado y alcanzado un alto cargo en el negocio, y la lucha larga y tormentosa termina felizmente con el casamiento.
La descripción del gran almacén, que quisiera ser el tema del libro, si bien conducida con penetrante inteligencia, resulta algo mecánica y pesada, aunque variada por las muchas figuras y aventuras secundarias. Pero la parte más viva de la novela es la sencilla historia de amor de Dionisia, figura captada y tratada con extrema delicadeza, con una sencillez de . sentimiento que nunca degenera en sentimentalismo.
M. Bonfantini

