Oye, Infeliz Enamorada…, Odo delle Colonne

[Oi, lassa inamorata…]. De Odo delle Colonne, mesinés, que escribió hacia la mitad del siglo XIII, ha quedado esta cancioncilla, en la que una mujer abandonada por su amante, expresa su amorosa angustia y su cólera feroz y vengativa hacia la rival que le ha quitado el amante.

El motivo, no raro en la poesía que nos queda de aquella épo­ca, es sin duda de origen popular, y popularmente tratados aparecen ciertos movi­mientos verbales y psicológicos; pero Odo no es de hecho un poeta popular en el sen­tido corriente de la palabra, puesto que tam­bién afloran bien visibles en la cancioncilla venas del lenguaje «cortés», y no faltan algunos encuentros directos de frase y de imagen con poetas provenzales: de aquí la residual desigualdad estilística y poética de la cancioncilla, que, sin embargo, es agra­dable por el garbo suelto de su ritmo y por la franqueza suasoria del afecto que la mu­jer infunde a sus amorosos lamentos: dolor, celos, cálida tenacidad de los recuerdos, es­peranza de que al fin retorne a ella el amante del «viso di cristallo» y de la «per­sona bella», su «sire» del «dolce parlare».

Da movimiento sincero y natural es sobre todo la estrofa en la que la mujer evoca las dulzuras de los coloquios secretos y las lisonjeras pero falaces declaraciones del amante, concluyendo con el augurio de una mala muerte para la mujer que se las ha arrebatado.

D. Mattalía

Son sentimientos elementales e irreflexi­vos, que se exteriorizan en su integridad nativa sin imágenes y sin conceptos. (De Sanctis)