El Olmo del Paseo, Anatole France

[L’orme du mail]. Novela de Anatole France (François-Ana­tole Thibault, 1844-1924), que, publicada en 1896, fue la primera de la tetralogía titu­lada Historia contemporánea (v. El maniquí de mimbre, El anillo de amatista, El señor Bergeret en París).

Con esta serie, France, renunciando en parte a la facilidad esteticista y a las divertidas evocaciones históricas de sus primeras novelas, que se complacían en situarse en cierto modo al margen de la vida moderna, quiso llevar su sátira al corazón de la sociedad contemporánea.

El héroe de su narración es Bergeret (v.), per­sonaje que ocupa en la sociedad de fines del siglo XIX un puesto equivalente al del abate Coignard (v.) en los primeros años del siglo XVIII.

Como Coignard, también Bergeret es humanista en lo profundo de su alma, y gusta de filosofar sobre la vida; pero no es de ningún modo un clérigo aventurero y pintoresco, sino simplemente un profesor de literatura latina en la anti­gua universidad de una gran ciudad pro­vinciana, Turcoing.

La noble y modesta figura de este hombre de talento, fino hu­morista y agudo observador, está cuidado­samente retratada por el autor, que sigue a su héroe en los fatigosos contratiempos de su carrera, en las pequeñas miserias de su vida doméstica, y, sobre todo, en sus relaciones sociales, en sus pensamientos y en sus interminables conversaciones.

Porque Bergeret, espíritu socrático, gusta de dis­cutir y conversar con cualquiera; y sus dis­cursos y sus reflexiones ofrecen a France el pretexto para evocar en torno a él, como una serie de estampas de rasgos finos y mordientes, la vida entera de la ciudad.

En la tienda del librero Paillot, Bergeret en­cuentra al iracundo archivero Mazure, mal­diciente y áspero jacobino, al charlatán doctor Fornerol, al rico de Terremondre, hi­dalgo campesino, amante del arte y colec­cionista; su profesión lo pone en contacto con sus colegas; su admiración le impulsa a lisonjear a la sugestiva figura de Madame de Gromance, cauta y radiante pecadora; su interés por los fenómenos sociales evoca en tomo a él la figura del prefecto de la ciudad (el escéptico y rutinario Worms- Clavelin, sostenido por la hábil política mundana de su mujer), la del viejo general legitimista Cartier de Chalmot, la del indus­trial Dellion…

Pero el interlocutor preferido del profesor Bergeret, el compañero de sus tranquilos paseos bajo los olmos que cir­cundan el viejo juego de mallo, a extra­muros de la ciudad, es el abate Lantaigne, el rector del seminario. Aunque el benévolo escepticismo de Bergeret esté en los antí­podas de la fuerte y belicosa fe del abate, los dos hombres, unidos por la misma pa­sión por la controversia y por el amor de las ideas generales, aprovechan todas las ocasiones para discutir, y sus debates con frecuencia se elevan a consideraciones gra­ves y patéticas sobre los destinos de la civilización, sobre la cuestión social, sobre el gobierno de la República.

Por otra parte, por medio de Lantaigne, la narración pe­netra en el ambiente eclesiástico, lo que da ocasión a dibujar entre el propio Lantaigne, el Arzobispo-Cardenal, el secretario de la diócesis y el abate Guitrel, profesor de elo­cuencia, una sutil intriga que, junto con las peripecias personales del profesor Bergeret, contribuirá a proporcionar a este libro, como a los otros de la serie, un simulacro de tra­ma.

Se trata, en efecto, de nombrar un sucesor al obispo de Turcoing, muerto hace poco; entre los candidatos se enfrentan el austero y rígido Lantaigne y el sociable y maleable Guitrel, sostenidos por dos partidos que ponen en juego toda su influencia y todas sus relaciones.

Todo un pequeño mundo que France saca a la luz en sucesivos sondeos, juzgándolo con penetrable malicia a través de los discursos de su Bergeret, siguiendo un método de exposición a saltos y aparen­temente caprichoso, que cuadra admirable­mente con las cualidades de un estilo vivo y penetrante, al propio tiempo minucioso y sintético, igualmente apto a las difusas consideraciones panorámicas, como al epigrama intencionado. [Trad. española de Luis Ruiz Contreras (Madrid, s. a.)].

M. Bonfantini