[Occupe-toi d’Amélie]. «Vaudeville» en tres actes y cuatro cuadros de George Feydeau (1862-1921), estrenado en París, en el Théâtre des Nouveautés, en 1908.
Es la obra maestra de este autor. He aquí su argumento: la bella Amelia Pochet, alias Amelia d’Avranches, es lo que en 1900 se llamaba una «cocotte». Después de haber sido la camarera de Madame Irène de Trémilly, una unión feliz le ha permitido obtener el bienestar y una vivienda en la calle Rivoli.
Ella habita allí en buen entendimiento con su amante, Étienne de Mielledieu, su padre, su hermano y dos o tres comparsas que viven a su costa. En el transcurso del primer acto vemos llegar a Irène, que con estupefacción reconoce a su antigua camarera.
Irene acaba de conocer, por la lectura de una carta, que su amante, Marcel Courbois, iba a casarse con Amelia. Marcel se halla en una situación financiera difícil. Para recobrar una suma de 1.200.000 francos, confiada por su padre a su padrino, el rico negociante en diamantes Van Putzéboum, de nacionalidad belga — que no debía devolvérsela hasta el día de su matrimonio —, se ha decidido a casarse con Amelia.
Por lo menos así piensa hacérselo creer a su padrino. Algunos días más tarde, debiendo abandonar a su amante para hacer sus «veintiocho días», Étienne la confía a Marcel. «Ocúpate de Amelia», le dice, y parte con el espíritu tranquilo. Pero Marcel interpreta tan al pie de la letra el encargo de su amigo que pasa la noche en compañía de Amelia.
Étienne, que queda libre mucho antes de lo que había imaginado, regresa inopinadamente para enterarse con furor del abuso de confianza de que ha sido víctima. Decide entonces vengarse. Puesto que el falso matrimonio entre Amelia y Marcel debe llevarse a cabo, y ellos, a pesar de la noche transcurrida juntos, siguen considerándolo como un subterfugio, Étienne se las compone para transformarlo en un verdadero matrimonio y Amelia se verá así unida a Marcel.
La ceremonia se desarrolla como está prevista. Étienne los ha precipitado uno en brazos del otro para toda la vida: su honor está vengado. En el último acto, Marcel, habiendo descubierto la superchería, obliga a Étienne a quitarse los pantalones y le hace prender por un falso comisario atrapado en flagrante delito de adulterio, lo cual le permite recobrar a Irène y dejar a Étienne y Amelia. Así, pues, todo concluye bien.
Se ha dicho, con justicia, que los «vaudevilles» de Feydeau eran auténticos «mecanismos de relojería». En efecto, el autor hace gala de un rigor y de una precisión implacables en el modo de mover los personajes y en la composición de las situaciones, no dejándose jamás arrastrar ni sorprender por ellos, sino, al contrario, conduciéndoles de la mano, firmemente, hacia una solución plausible.
Añádase a ello un diálogo vivo, chispeante, directo, precipitado, plagado de palabras y recursos del autor a menudo cómicos, que hacen perdonar la psicología, pobre a veces, de los personajes.

