Octavia, Anónimo

Tragedia erróneamente atri­buida a Lucio Anneo Séneca (4? a. de C.- 65 d. de C.), con argumento romano.

Esta obra, que no puede ser de Séneca, induda­blemente pertenece a algún autor de la generación inmediata posterior a los pri­meros Flavios, cuando aún no se había apa­gado el recuerdo de los hechos dramatiza­dos.

Es el único ejemplo de «praetexta», es decir, de tragedia latina con un argumento nacional. El tema resulta bastante intere­sante, puesto que trata de la muerte de la desgraciada Octavia, esposa de Nerón, así como el fin de la casa de Claudio.

La escena tiene lugar en Roma, el año 62, du­rante el reinado de Nerón. El emperador, que -odia a su esposa Octavia, hija de Clau­dio y de Mesalina, hermana de Británico, la repudia, a pesar de la oposición de Sé­neca, para poderse casar con la ambiciosa Popea, de la que está locamente enamorado.

La sombra de Agripina se le aparece a Popea la noche misma de su boda y la nue­va emperatriz queda turbada por siniestros presentimientos. Por otra parte, el pueblo, indignado, se subleva a favor de Octavia.

Nerón sofoca la rebelión y ordena al pre­fecto que deporte a Octavia a la isla de Pandataria, donde se cumplirá la sentencia de muerte de Octavia. La obra termina con la marcha de la joven y las lamentaciones de sus partidarios.

Se trata de una curiosa tragedia escrita de una manera concisa, en la que, como hemos visto, se llevan a las tablas muchos personajes conocidos de la época neroniana. El autor ha seguido fielmente la historia, aunque se ha permitido algunas libertades y ha reducido la acción al menor período de tiempo posible.

El ca­rácter de Octavia es pasivo y monótono, mientras que el de Nerón está dibujado con vivacidad y el de Séneca resulta idealizado. Los coros tienen valor lírico, en especial el de los partidarios de Octavia.

Se observan numerosas analogías, tanto en la forma como en la estructura, con las tragedias de Sé­neca e incluso con su obras filosóficas, que al parecer el autor de la tragedia conocía a fondo.

F. Della Corte