Obras, Gregorio Silvestre Rodríguez de Mesa

La obra literaria del poeta y músico español Gregorio Silvestre Rodríguez de Mesa (1520-1569) fue publi­cada con el título de Obras en 1582 en Granada por la viuda e hijos del poeta.

En la edición su obra aparece dividida en cuatro libros: el primero contiene diez la­mentaciones, cinco sátiras y algunas glosas y canciones; el segundo, los poemas Fábula de Dafne y Apolo, Píramo y Tisbe, La visita de Amor y La residencia de Amor; el ter­cero, glosas, canciones morales y devotas, dos romances y una glosa a las famosas Coplas de Jorge Manrique; el cuarto, la Fá­bula de Narciso y algunos poemas.

La obra de Gregorio Silvestre ha sido reeditada en los vols. XXXII y XXXV de la «Biblioteca de Autores Españoles». Particular interés tienen los tres poemas mitológicos. Silvestre escribe su Fábula de Píramo y Tisbe y su Fábula de Dafne y Apolo en metro tra­dicional castellano — no en vano participó y anduvo mezclado en las polémicas sobre el uso del metro tradicional y del metro nuevo.

Aunque «no falta la dedicación a la dama de sus pensamientos» — como advierte José M.a de Cossío —, el tono de la fábula es completamente moralizador, sin intención estética ni literaria. Incluso su tendencia a la alegoría lo vincula aún más a la es­cuela tradicionalista castellana. A pesar de todo esto, se le escapan reminiscencias de lecturas de los poetas italianos y de Garcilaso. Marín Ocete, que ha estudiado la obra de Silvestre, encuentra coincidencias entre la Fábula de Píramo y Tisbe y la de Cristóbal de Castillejo.

Ambas fábulas acu­san además un acentuado carácter realista, propio también de la poesía tradicional. Pero Silvestre se habría de convertir a los nuevos metros en su Fábula de Narciso — fábula que tiene relación con un poema de Hernando de Acuña (v. Varias poesías) y que ha originado las discusiones acerca de cuál de los dos tiene prioridad —, que glo­sa el conocido mito de Eco y Narciso. Pero perduran dentro de los nuevos moldes las características de realismo, los rasgos ar­caizantes que provienen de los libros de caballerías, junto con las influencias de la poesía italianizante («…o rosa fresca, blan­ca y colorada/encima de la nieve desho­jada»).