Nise Murasaki Inaka Genji, Ryūtei Tanehiko

[Una falsa Murasaki y un Genji rústico]. Novela del japonés Ryūtei Tanehiko (1783-1842), en 152 volúmenes, divididos en 40 partes, de las cuales 38 fueron publicadas de 1829 a 1842; de las otras dos se incautó el go­bierno con decisión que influyó no poco en la enfermedad que llevó al autor a la tumba.

En 1847, Ippitsuan publicó póstumas las dos últimas partes, después de ha­ber hecho oportunas modificaciones. La no­vela es una tentativa de vulgarización del famoso Genji Monogatari (v.) de Murasaki- no-Shikibu, y su importancia está en el hecho de confluir en ella todos los elemen­tos de las tentativas precedentes del mis­mo género, a las que, sin embargo, es netamente superior.

Del Genji Monogatari, Ryūtei Tanehiko extrajo, transformándolas y adaptándolas, pero sin respetar el orden, todas las vicisitudes de carácter dramático y aventurero, con la diferencia de que el ambiente descrito, aunque atribuido por al­gunos al período Muromachi (1392-1603), pertenece en realidad a la época del autor o, a menudo, al período Genroku (1688- 1703). En lugar de la Corte imperial encon­tramos aquí la de Shōgun, y las antiguas «uta» (poesías clásicas de 31 sílabas) están frecuentemente sustituidas por haikai (epi­gramas de 17 sílabas).

El estilo es volunta­riamente popular y, además, a diferencia del Genji, está en armonía con las tenden­cias entonces predominantes en la novela, y a menudo se exalta el espíritu caballe­resco y la moral confuciana. Algunos ca­racteres femeninos, felizmente tratados, tes­timonian dotes poco comunes en el autor y se destaca también el hecho de que, aunque la novela contenga, como su mode­lo clásico, una serie interminable de aven­turas amorosas, Tanehiko supo evitar lo bajo y lo obsceno en una época en que en la literatura popular narrativa ambos elementos estaban de moda, pese a los rigores de la censura.

Desde un punto de vista puramente literario, la obra tiene un valor limitado; de todos modos, da una medida de las posibilidades del autor, en­tonces en el pináculo de su madurez ar­tística, y el éxito conseguido fue tan grande que enriqueció, a lo que parece, al mo­desto editor que la publicó. Este éxito, al que contribuyeron en grado no desprecia­ble las magníficas ilustraciones que adornaban el texto y que fueron dibujadas a propósito por el famoso pintor Utagawa Kunisada (1787-1865), tuvo como efecto el hacer popular el nombre de Genji y hacer dramatizar la novela, que apareció, por ello, varias veces en escena.

Y. Kawamura