El Nabab, Alphonse Daudet

[Le Nabab]. Novela de Alphonse Daudet (1840-1897), publicada en Paris en 1877 con el subtítulo «Costumbres parisienses» [«Mœurs parisiennes»].

En Pa­rís, en 1864, un médico irlandés, el doctor Roberto Jenkins, está de moda con ciertas píldoras a base de arsénico y mucha char­latanería. Trata de encontrar ayuda finan­ciera en un ricachón, el señor Bernard Jansoulet, que, también mediante especu­laciones comerciales, se ha hecho multi­millonario en Túnez en el séquito del Bey y ha vuelto a Francia para ver una vez más su tierra. En torno a éste — el Nabab — pululan desgraciados y aventureros; tam­bién los poderosos tratan de tenerlo a su lado.

Su secretario es el joven Pablo de Géry, quizá la única persona honrada de la casa. Entretanto, Andrés Maranne, hijo de la que pasa por esposa del medicastro, vive miserablemente por su cuenta, aspi­rando a la gloria de poeta y sin tener con­tacto con el hombre indigno. El lector co­noce también a un honrado empleado de la Banca Hemerlingen, despedido después de muchos años de trabajo; el pobre diablo vive en la miseria con sus tres hijas, pero confiando todavía en la vida. Dos de ellas se casan con Andrés y  Pablo.

El Nabab, que está contra el banquero Hemerlingen, contrata al desgraciado y le da oportunidad de alcanzar en su familia una modesta feli­cidad junto con sus hijas. Pablo, que fre­cuenta la casa, advierte el contraste entre el brillo mundano y falso del Nabab y la sinceridad de una vida de trabajo. Entre­tanto, el Nabab, que ha creado a su alre­dedor una artificiosa red de intereses, se encuentra cada vez en mayores dificulta­des.

Una despiadada campaña de prensa le sitúa lentamente en desgracia; su proba­ble elección a diputado se desvanece, gran parte de la riqueza dejada en África le es confiscada, y al fin ve minada su paz con­yugal por la esposa infiel. Todo se hunde a su alrededor, y muere escuchando la lec­tura de una comedia de Andrés. En la no­vela se combinan las observaciones de un empleado, que por razón de su oficio está al corriente de los hechos; esto da al libro su carácter de pintura de ambiente y una requisitoria contra las malas costumbres morales y políticas del segundo Imperio, más que de una novela propiamente dicha.

Violento en sus deseos y poco prudente en sus amistades y relaciones sociales, el Na­bab no por ello deja de ser bueno y sin­cero, y retratado con eficacia oratoria, con­serva una actitud de negociante de altos vuelos que durante algún tiempo fue ca­racterística en la producción literaria de fines del siglo XIX. [Trad. castellana de J. Sardá, con una nota biográfica del autor, Barcelona, 1946].

C. Cordié