Morriña, Emilia Pardo Bazán

Obra de la escritora española doña Emilia Pardo Bazán (1851-1921), pu­blicada en 1889. Con un argumento de ex­traordinaria sencillez, la condesa compuso una de sus más hermosas novelas: doña Aurora, viuda acomodada, tiene un hijo único, Rogelio, el cual estudia en la Uni­versidad de Madrid, enfrente de la que viven apaciblemente madre e hijo.

Todas las tardes vienen viejos amigos y compa­ñeros del difunto marido de doña Aurora a hacer tertulia en casa de ésta (resultan pin­turas de primera mano los retratos de los contertulios). Una muchacha gallega — galle­ga es la madre y su hijo también lo es —, que tiene ese origen tan habitual (sobre to­do en la literatura del siglo pasado) y tan triste — hija de culpables y sacrílegos amo­res — en las novelas de nuestros grandes maestros, y que además se llama Esclavitud, llega a la casa solicitando servir en ella. La señora, previa adquisición de informes que la ponen en posesión de la verdad sobre la infeliz muchacha, la admite y le toma gran cariño porque es modosa, trabajadora y discreta, Una caída de doña Aurora, con la consiguiente conmoción que la obliga a guardar cama unos días, pone en estre­cho contacto a Rogelio y a Esclavitud. En­tre ambos se desarrolla una rápida intimidad afectiva que no roza el pecado, pero que basta para llenar de luz la apesadumbrada existencia de la que vive afligida por ser hija de quien es. La malicia de uno de los viejos contertulios descubre entre los jóvenes más de lo que en realidad existe, y pone en guardia a doña Aurora, que de­cide librarse de Esclavitud antes de que su intimidad con Rogelio pase a mayores. Como otro de sus visitantes está senilmen­te prendado de la muchacha, se la cede «mientras ella se va de veraneo a Galicia con su hijo…».

Esclavitud oye su senten­cia sin decir palabra; asiste a los prepa­rativos de marcha y comprueba como las promesas del hijo mimado de no consentir en aquello, se disuelven en humo. Les ve irse en el tren de Galicia sin que nadie la vea, y cuando se queda sola en Ma­drid, Esclavitud pone fin a su penosa vida… No nos cuenta la autora cómo lo hace, nos dice solamente que cree que lo va a hacer. Es una hermosa novela, como tantas otras de esta autora.

C. Conde