[Slàšče jada]. Novela breve de Fëdor Sologùb (Fëdor Kuzmic Teternikov, 1863-1927), publicada en Moscú en 1911. La exaltación del poder liberador de la muerte es el motivo de esta novela, que revela gráficamente el pesimismo orgiástico de su autor. La nostalgia de la muerte, el progresivo desasimiento de los lazos terrenos, son los temas preferidos de Sologùb; y los que abrigan tales sentimientos son a menudo los niños, sobre todo los niños anormales, frágiles seres enfermizos, precozmente mustios, tan precoces que intuyen lo que los adultos llegan a conocer sólo después de muchas luchas y desilusiones. La vida, pues, no es más que apariencia y engaño, y sólo la muerte es verdad.
El pequeño Kòlja es un muchacho rubio, dócil, obediente, que vive plácidamente junto a su madre. Pero ésta, demasiado embebida en los cuidados terrenos, no se preocupa del alma del niño; éste cae bajo la influencia maléfica de un muchacho de la vecindad, Vánja, y su existencia entra entonces en un círculo tenebroso. Vánja es un tipo siniestro y, sin embargo, fascinador, lleno de un escepticismo que cultiva con monstruosa precocidad. Poco a poco, destruye todas las certidumbres de que vive el inocente e inexperto Kòlja, y que constituyen el fondo de la misteriosa belleza del alma de todos los niños. Luego le insinúa el deseo de morir, con una especie de hipnotismo satánico que emana de su torva persona. Todo comienza a marchitarse a los ojos de Kòlja, su corazón se aparta de todo lo que le era querido. Hasta la esperanza en Dios, la última a que Kólja se aferra como a una luminosa e inconfundible certeza de vida, termina siendo rota y escarnecida. Por fin, una noche que Kòlja ha huido de casa por instigación de su compañero, en un momento de suprema desesperación se arroja al río. Vánja, asustado de esta decisión imprevista, tras un momento de vacilación sigue el ejemplo de Kòlja. Aunque esta novela sea en conjunto inferior a la primera de Sologùb, El Demonio mezquino (v.), que le hizo célebre, el hipnotismo demoníaco que emana de la persona de Vánja, expuesto de modo admirable, da al libro un realismo y una fuerza que imponen al lector la visión angustiosa de un mundo de tinieblas sin salida posible.
O. S. Resnevich

