[Marjorie Daw and other People]. Colección de cuentos del poeta norteamericano Thomas Aldrich Bailey (1836-1907), publicada en 1873. Escritor de delicada sensibilidad, algo frío, Aldrich reunió en este volumen los cuentos que consideraba mejores. El más célebre (fue reimpreso muchas veces y ahora ya forma parte del patrimonio literario del país) es el que da el título al volumen y pertenece al género especial de la «hoax story» o «cuento con sorpresa».
Juan Flemming, joven de unos veinte años, se ha roto una pierna en vísperas de su partida para el veraneo en compañía de Eduardo Delaney. Éste, invitado por el médico de Juan a mantener una activa correspondencia con el enfermo, cuya exaltación nerviosa es causa de preocupación, empieza a describirle detalladamente, en sus cartas, el pueblo en el que se encuentra y los nuevos conocimientos que va trabando. Entre éstos hay el de la preciosa Marjorie Daw, hija de un coronel, que vive en la casa contigua a la villa de los Delaney. Juan se interesa por la muchacha que su amigo ha sabido describirle tan perfectamente, y el cambio de cartas entre los dos jóvenes llega a ser más frecuente. Conocida en la intimidad familiar, la chica revela nuevas cualidades y un encanto irresistible. Le causa lástima Juan, del que Eduardo le ha hablado, y le encarga de enviarle sus recuerdos y una flor. Nacen complicaciones: un oficial ha pedido su mano, pero ella le ha rechazado, y su padre, enfadado, la tiene prisionera en su habitación. Juan, aunque no se encuentre todavía muy bien, decide ir a liberar a la muchacha que ahora ya ha llegado a ser para él la encarnación de la mujer soñada. Cuando llega a la casa de Delaney, sin embargo, solamente encuentra una tarjeta de excusas de su amigo, que se ha marchado de repente y, mirando a su alrededor, trata en vano de descubrir en las cercanías la villa y el jardín del que le había hablado su amigo: Marjorie Daw ha sido inventada.
El autor ha sabido poner tanto arte en la gradual descripción de Marjorie y de su carácter y en la de los personajes que vivían a su alrededor, que la conclusión Hega completamente inesperada. Los otros cuentos del volumen no llegan al nivel de éste y no se distinguen, salvo por la claridad del estilo, de los consabidos y elaborados cuentos de los escritores de su tiempo.
L. Krasnik

