Falsos fragmentos de poemas checos, presentados como descubrimiento propio, por su autor principal, el poeta Václav Hanka (1791-1861).
El primer, manuscrito contiene poesías épicas (como «Jaroslav, o la gran lucha de los cristianos contra los tártaros») y lírica de amor; el segundo, un pequeño poema completo, titulado «El juicio de Libuše» (hija de Krok, príncipe pagano de los checos, que tenía fama de profetisa). Los nombres de Králové Dvůr y Zelená Hora, por los que son conocidos los manuscritos, corresponden a los de los lugares del pretendido descubrimiento; éste despertó un interés tan enorme, que los manuscritos fueron rápidamente traducidos a varias lenguas (alemán, inglés, ruso, francés e italiano). Durante mucho tiempo no se descubrió la superchería, por cuanto Hanka y sus colaboradores, que no eran poetas despreciables, acertaron, sobre todo, a dar una sensación de autenticidad tal, que llegó a engañar a artistas como Goethe, y a científicos, como el gran eslavista Dobrovski. Su origen es fácilmente explicable, de una parte por la gran difusión de las ideas de Herder sobre la poesía popular y de otra por la necesidad que sintieron los checos, al principio del siglo XIX, de afirmar su patriotismo mediante el orgullo de poseer una poesía checa, antigua y completa, independiente de las influencias latina y germánica.
Las pretendidas pruebas de la existencia de esta antigua literatura se atribuyeron al siglo XIII. La duda sobre la autenticidad de los manuscritos, junto a otros de menor importancia, fue señalada casi simultáneamente con su descubrimiento, por el eslavista esloveno Kopitar, en tanto que las más destacadas personalidades de la ciencia checa, como Jungmann, Palacký y Šafařik defendían su autenticidad. Tan sólo después de 1875, y por obra de J. Gebauer, creció la duda y terminó por convertirse en una cuestión nacional, defendiendo los unos el pretendido patrimonio de la poesía antigua y afirmando otros (entre ellos T. G. Masaryk) que insistir en el error era rebajar la dignidad y la moral de la nación. Hoy cabe decir, con certeza, que los manuscritos fueron una falsificación bastante hábil, a pesar de las influencias de géneros que sirvieron de fundamento.
E. Lo Gatto

