Tragedia en cinco actos, en verso y prosa, de William Shakespeare (1564-1616), escrita probablemente entre 1605 y 1606, estrenada en 1606 e impresa en la edición infolio de 1623. El texto es poco satisfactorio por los indicios de retoques que parece presentar; probablemente hay cortes e interpolaciones. La fuente de la obra es la Crónica [Chronicle] de Holinshed, que para las cosas de Escocia se basa en la versión inglesa que hizo John Bellenden de las Scotorum Historiae (1527) de Héctor Boece.
Macbeth (v.) y Banco (Banquo), generales de Duncan, rey de Escocia, volviendo de una victoriosa campaña contra los rebeldes encuentran en una landa a tres’ brujas que profetizan que Macbeth será «thane» (título nobiliario escocés con que se indica a los compañeros del rey, aproximadamente correspondiente a barón) de Cawdor y luego rey, y que Banco engendrará reyes, aunque él no esté destinado a serlo. Inmediatamente después llega la noticia de que Macbeth ha sido nombrado thane de Cawdor. Tentado por el cumplimiento parcial de la profecía y por lady Macbeth, que excita en él la ambición, secando «la leche de la humana benevolencia», Macbeth asesina a Duncan, hospedado en su castillo, mientras duerme, pero en seguida es presa del remordimiento. Los hijos de Duncan, Malcolm y Donalbain, huyen y Macbeth se apodera de la corona. Pero todavía queda un obstáculo en el camino de Macbeth: las brujas habían profetizado que el reino iría a parar a la dinastía de Banco, por lo cual Macbeth decide hacer desaparecer a éste y .a su hijo Fleance, pero éste logra huir.
Perseguido por el espectro de Banco, que se le aparece durante un banquete, Macbeth consulta a las brujas, que le dicen que se guarde de Macduff, thane de Fife, que nadie nacido de mujer podrá hacer daño a Macbeth, y que sólo será vencido cuando el bosque de Brinam vaya hasta Dusinane. Sabiendo que Macduff se ha unido a Malcolm, que está reclutando un ejército en Inglaterra, Macbeth hace asesinar a lady Macduff y a sus hijos. Lady Macbeth, a quien le había caído de la mano el puñal al intentar, antes que su marido, asesinar a Duncan, dormido, y ver en él por un momento a su propio padre, pierde la razón e intenta en vano hacer desaparecer de sus manos la visión de la sangre; finalmente muere. El ejército de Macduff y de Malcolm ataca el castillo de Macbeth: pasando por el bosque de Birnam cada soldado corta una rama y detrás de esta cortina de follaje avanzan contra Dusinane. Macduff, sacado del vientre materno antes de tiempo, da muerte a Macbeth. La profecía se ha cumplido y Malcolm sube al trono. El drama es en parte un acto de homenaje a Jacobo I (enumeración de los futuros reyes escoceses en el acto IV, escena 1, y otros detalles). De las tragedias de Shakespeare, Macbeth es, sin duda, la más vigorosa.
Como dijo muy bien A. W. Schlegel, después de la Orestíada de Esquilo «la poesía trágica no había producido nada más grandioso ni más terrible». Una atmósfera iracunda gobierna el drama desde los primeros versos hasta el cumplimiento de la profecía: el sortilegio infernal que revela al guerrero victorioso y ambicioso a través de la profecía de las brujas, sus no confesadas aspiraciones, cierra sobre él una red inevitable; el guerrero sucumbe a la tentación, pero aun así se debate y conserva las huellas de su primitiva nobleza en medio de todos los excesos a que se ve arrastrado. Pesa sobre los personajes de este drama el mismo clima de fatalidad que pesaba sobre la casa de los Atridas; la acción se desenvuelve quizás en varios años, pero toda consideración de tiempo desaparece ante el espectáculo, cuyo ritmo está medido sobre el horror y la congoja. Un sentido de misterio e incluso de irracionalidad (¿era realmente necesario el delito de Macbeth? ¿no es un salto en el vacío precipitado por una fatal sugestión?) emana de este drama; domina en él la noche, con las frecuentes invocaciones a las tinieblas, y la evocación de las torpes criaturas furtivas y rapaces de la obscuridad; atmósfera sofocante de pavor y de duda; por esto la palabra «pavor» («fear») aparece a menudo al lado de imágenes de violencia y sangre.
La vida misma se ve como «una fábula contada por un idiota, llena de rumor y de furor, que no significa nada» (V, esc. 5, 26: «Life… is a tale / Told by an idiot, full of sound and fury, / Signifying nothing»). Son muy numerosas las frases que se citan corrientemente; además de la que acabamos de traer a colación, podemos recordar: «Pero tengo miedo de tu carácter: estás demasiado empapado de la leche de la bondad humana» (I, esc. 5: «Yet do I fear thy nature; It is too full o’ the milk of human kindness»); «Si se hiciera cuando se hace, entonces convendría que se hiciera de prisa» (I, esc. 7: «If it were done when ’tis done, then ’twere well-It were done quickly»); «No duermas más: Macbeth asesina al sueño» (II, esc. 2: «Sleep no more: Macbeth does murder sleep»); «¡Enfermo de la voluntad!» (ibid.: «Infirm of purpose!»); «Después de la fiebre intermitente de la vida, duerme tranquilo» (III, esc. 2: «After life’s fitful fever he sleeps well»); «Todos los perfumes de Arabia no bastarían para perfumar esta pequeña mano» (V, esc. 1: «All the perfumes of Arabia will not sweeten this little hand»); «El camino de mi vida ha llegado a la estación en que la hoja se vuelve seca y amarilla» (V, esc. 3: «My way of life Is fall’n into the sere, the yellow leaf»); «El mañana, y el mañana, y el mañana; así, de un día a otro, a pequeños pasos, todos los mañanas avanzan hasta la última sílaba del tiempo recordado, y todos nuestros ayeres han alumbrado locamente el camino que lleva al polvo de la muerte. ¡Apágate, apágate, breve candela!» (V, esc. 5: «Tomorrow, and tomorrow, and tomorrow, Creeps in this petty pace form day to day, To the last syllable of recorded time; And all our yesterdays have lighted fools The way to dusty death. Out, out, brief candle!»). [La primera , versión castellana de Macbeth es la traducción en verso dE José García de Villalta (Madrid, 1838) a la que siguió la de J. Núñez de Prado (Madrid, 1857).
Posteriormente es preciso mencionar la excelente versión en prosa de don Marcelino Menéndez Pelayo en la edición Dramas de Guillermo Shakespeare, tomo I (Barcelona, 1881), la traducción en verso de Guillermo Macpherson en Obras dramáticas, tomo II (Madrid, 1922) y la versión en prosa de Luis Astrana Marín (Madrid, 1920), la más divulgada modernamente, incluida posteriormente en el volumen de Obras completas (Madrid, 1930; 10.a ed., 1951)].
M. Praz
Su tragedia es un producto de la industria y su comedia un, producto del instinto. (Ben Jonson)
Cuando veis a un hombre semejante emprender el vuelo del águila, es él. Cuando le veis arrastrarse por tierra, es su siglo. (Montesquieu)
Shakespeare, a quien los ingleses toman por un Sófocles… tenía un genio lleno de fuerza y fecundidad, de naturalidad y de sublimidad, sin el menor destello de buen gusto ni el menor conocimiento de las reglas. (Voltaire)
La sublimidad y el genio brillan en Shakespeare como luces en una larga noche. (Diderot)
Shakespeare agotó toda la naturaleza humana en todas las direcciones y en todas las alturas. (Goethe)
Shakespeare es la divinidad de Spinoza: una potencia creadora omnipotente. (Coleridge)
El Macbeth de Shakespeare es una de las obras maestras del espíritu humano. (Stendhal)
Macbeth se desenvuelve entre humos infernales y terrores de espectros. Lo demuestra la riqueza de imágenes y su tono exasperado y a la vez solemne. (Gundolf)

