Los Virreyes, Federico de Roberto

[I Viceré]. Novela de Federico de Roberto (1866-1927), publicada en 1894 y considerada su obra maestra. Es una vasta narración histórica de tres gene­raciones de la familia siciliana Uzeda de Francalanza. Desde las primeras revueltas sicilianas a los últimos decenios del siglo, los acontecimientos se desarrollan en Catania, donde la familia Uzeda se trasplantó siglos atrás.

A la muerte de la princesa Te­resa, más temida que amada aun por sus hijos, el príncipe Gaspare, que ha quedado dueño de la pingüe fortuna, egoísta y ce­rrado a todo impulso generoso, hace correr la voz de que los bienes dejados por la ma­dre están gravados por fuertes deudas, por lo que son menester sacrificios de todos. De aquí luchas, litigios y contratiempos, que se entretejen en la vida cotidiana de las diversas ramas de los Francalanza. Fren­te al príncipe Gaspare, que se casa primero con Isabella Grazzeri por voluntad de la ma­dre de él, y después con su prima Graziella, y va educando a sus dos hijos Consalvo y Teresa, sin afecto y sin idealidad, está su hermano el condesito Raimondo, el cual, también infiel a su primera esposa, se casa con una bonita palermitana.

Pero la nueva unión, aunque consolidada por el nacimien­to de otros hijos, no consigue cambiar el tenor de vida de Raimondo, el cual, incons­tante en sus sentimientos, no abandona su vida de libertino. Los hermanos Uzeda viven dentro del marco que les han impuesto sus tíos, en primer lugar don Blasco, chismoso, sensual y corrompido, fiero adversario de las ideas liberales, pero dispuesto a apro­vecharse de ellas después de la revolución de 1860, adquiriendo tierras y feudos de las órdenes religiosas. Parecida espiritualmente a él y también tan odiada como él es doña Ferdinanda, avara, ignorante, encerrada en su odio feroz a las ideas nuevas. Pero el más hábil y más autorizado de los tíos es el duque Raimondo, que, por haber coque­teado tímidamente con los liberales, después de la revolución siciliana, consigue conquis­tar cada vez más popularidad y finalmente hacerse elegir primer diputado de Catania en el Parlamento de Turín.

En su escuela se va educando el último vástago de los Uzeda, Consalvo, quien después de haber roto con su padre, cada vez más violento con su hijo por la vida desordenada que lleva, se va a vivir lejos del resto de la familia, obcecado por el sueño ambicioso de heredar el puesto de su viejo tío Rai­mondo. Junto a él está su apacible hermana Teresa, que intenta en vano conciliar a su padre y a su hermano, y acaba por ca­sarse sin amor. La vida familiar de los Uzeda se cierra con destinos de desgracias y lutos. Hasta Consalvo, diestro en todo arte de dominio, después de haber logrado con engaños y corrupciones ser elegido diputado, no queda satisfecho ni de su victoria, ni de su nueva posición. Él mismo define su des­tino, que es el de los Uzeda: mandar, pri­mero con el dinero, la violencia y la igno­rancia y después con la traición y el fingi­miento.

Nada ha cambiado en la secular familia. Esta narración, penetrada de fuerte pesimismo moral, tiene momentos de ágil vigor artístico, aunque el minucioso tejido de tantos hilos diversos le comunique bas­tante pesadez. Larga historia, podríamos decir, que, aun extendiéndose en complicada y viva descripción, queda por otra parte como documento fundamental de la litera­tura y del momento en que se publicó.

C. Sgroi