[Cequ’on entend sur la montagne]. Es el primero de los doce poemas sinfónicos de Franz Liszt (1811-1886); compuesto en 1848, no alcanzó su redacción definitiva hasta 1856. El título del poema procede de la poesía inspiradora, la quinta de las Hojas de Otoño (v.) de Víctor Hugo. La concepción de la «música de programa» de Liszt, realizada en los poemas sinfónicos en la Sinfonía Dante (v.) y en la Sinfonía Faust (v. Fausto), es entendida aquí en sentido muy amplio, esto es, sin que la música experimenté el freno de una vinculación demasiado estrecha con los detalles del texto poético. Efectivamente, en este poema sinfónico, los temas, el desarrollo, la arquitectura en su conjunto, son dictados por la idea central del texto poético, del cual quiere el músico dar una transposición lírica, y, en algunos momentos, pictórica y evocadora, pero sin detenerse demasiado en la minuciosa adaptación de la música a la estructura del poema.
Y son los versos, la meditación del poeta, escuchando dos voces que continuamente se alternan, se persiguen, desaparecen, y vuelven a aparecer: «…l’une disait, «Nature!» et l’autre, «Humanité»…», los que constituyen para el músico el impulso creador al que se abandona, siguiendo leyes dictadas por su fantasía. El poema procede por episodios contrastantes que evocan el grito tormentoso de la humanidad y el canto sereno de la naturaleza para llegar a un «andante religioso», en que las voces se sosiegan y se funden en una atmósfera de meditación y de plegaria.
L. Córtese

