Poema elegiaco de Antímaco de Colofón (principios del siglo IV a. de C.). Lidia era la amada del poeta, el cual, para consolarse de su muerte, compuso esta larga y melancólica elegía. El argumento del contenido eroticoelegíaco aparece ya en Mimnermo, quien en su Nanno (v. Elegías) había intentado producir una poesía elegiaca de fondo sentimental y afectivo, aunque sin separarse del género sustancialmente mítico y patriótico de la elegía de su tiempo.
De la obra de Mimnermo recogió Antímaco ciertos modos que habían de ser decisivos en el desenvolvimiento del género elegiaco helenístico y romano. Así, aquel género elegiaco que, adoptando como metro el dístico, feliz acoplamiento del hexámetro y el pentámetro, se ajustó a todas las necesidades líricas del multiforme espíritu griego, de la entonación bélica de Tirteo y Callino, a la gnómica de Focílides y Teognidas, a la filosófica de Jenófanes y a la política de Solón, se vuelve a partir de la Lidia de Antímaco, primordialmente melancólico, triste y quejumbroso. Por otra parte, el hecho de haber puesto una mujer en el centro de un cancionero, como hace Antímaco, constituyó una innovación destinada a tener gran fortuna a través de los siglos. Intentando divulgar la innovación de Antímaco, compuso Ermesianato un poema titulado Leoncio (v.). La novela amorosa en verso logró mayor éxito entre los romanos. Lesbia, de Cátulo, Delia y Nemesis, de Tíbulo, Cincia, de Propercio y Corina, de Ovidio, son las hijas espirituales de esta Lidia griega. No es mucho lo que de ella se conoce; aquella mujer era natural del país lidio, tanto de nombre como de estirpe; por lo tanto, asiática.
El poeta la debió conocer en aquella Asia Menor que la había visto nacer; el poema, según testimonio de los antiguos y los escasos fragmentos que se conservan, era prolijo, tosco, lleno de contemporizaciones, verdadera narración versificada, carente de acento lírico puro y exquisito. Probablemente, cuando Calimaco y Catulo deploran la forma poética de la Lidia, se basaron, en la consideración de Antímaco, demasiado polémicamente, porque, creadores de la poesía breve y casi epigramática, no aceptaban esta larga novela en verso que, mejor que en poesía, hubiera podido expresarse en prosa. Si el gusto aristocrático de los alejandrinos de Grecia y Roma censuraban la Lidia, el pueblo, de gusto más fácil y también más propenso al entusiasmo la leía con asiduidad.
F. Della Corte

