[Le notti romane]. Obra narrativa de Alessandro Verri (1741-1816), a la que el autor debe la mayor parte de su fama de escritor.
La inspiró el descubrimiento de dos inscripciones sepulcrales que tuvo lugar en Roma, en 1780, más allá de Porta Capena, una dedicada a la memoria de un hijo de Escipión el Africano, y la otra a la de su hermano menor, llamado el Asiático, por medio de las cuales se conoció con precisión el lugar donde estaban los restos de tan ilustre familia.
Verri, al visitar las excavaciones, sintió una , profunda sugestión y pensó en eternizar la fama del lugar; de ahí nacieron, anónimas, al principio tres Noches Romanas, y más tarde seis, en 1792 y 1804. Ante el ruido que suscitó este acontecimiento literario, muchos trataron de descubrir la paternidad de las obras, pero solamente Monti lo consiguió, y Verri salió de su incógnito.
El autor conduce hacia las tumbas de los Escipiones a los grandes espíritus de los antiguos, que por hechos distintos y en distintos tiempos sobresalieron en la historia romana: César (v.) y Pompeyo, los Gracos, Mario, Sila y Bruto (v.), Pomponio, Catón el Censor, Antonio y Octavio, Horacio y Polión, Numa y Rómulo, sin orden cronológico, sino reunidos según sus afinidades psicológicas.
La evocación los hace contemporáneos, y razonan sobre las cualidades humanas, vivos y elocuentes en las grandes sentencias y los afectos hacia las instituciones, las leyes, las costumbres y los acontecimientos de la patria.
Oponiendo a las virtudes los vicios, Verri trata de representar, a grandes rasgos, el espíritu de Roma y, después de varios razonamientos, compendia las sentencias que finge haber oído de boca de los romanos sobre sus méritos, y termina la primera parte de su libro, o sea, la primera parte de las Noches, afirmando que los romanos fueron grandes más que buenos, ilustres más que felices, opresores por instinto, admirables por azar, destructores por naturaleza, generosos en sus maldades, héroes en las injusticias, magnánimos en las atrocidades.
En esta primera parte su escolta es la sombra de Cicerón, siguiendo el modelo de Dante; la acción tiene lugar cerca de las tumbas de los Escipiones. En la segunda parte, el mismo Verri guía a los espíritus al Palatino, al Coliseo, al Foro, al Quirinal, a los huertos de Salustio, a las Termas de Diocleciano y Tito, a la Vía Apia, al Teatro de Marcelo, al Panteón, al templo y al Palacio Vaticano, para concluir con la apología de la Roma cristiana.
En la obra se introducen elementos históricos, filosóficos y poéticos. La prosa es noble y está rodeada de un halo fantástico más bien impreciso; algunos cuadros son vivos, como el del parricida del que todos los Espectros huyen aterrorizados, y el de la vestal condenada a la última pena, en cuyas páginas se advierte el recuerdo de Shakespeare, al igual que en toda la obra está presente el sentimiento de las Noches (v.) de Young.
La obra tuvo gran éxito hasta la primera mitad del siglo XIX. Sanguinetti la puso en tercetos y muchos extranjeros la tradujeron; entre las traducciones hay que recordar la francesa de Lestrade, de la cual el mismo Verri se mostraba satisfecho.
M. Maggi

