Las Metamorfosis de Venus, Richard Dehmel

[Die Verwandlungen der Venus]. Ciclo de 30 poesías de metro variado del poeta alemán Richard Dehmel (1863-1920), publicado en 1907. Las poesías, que llevan el subtítulo «Rapsodia erótica con un preludio moral» [«Erotische Rhapsodie mit einer moralischen Ouverture»], están dedicadas a las diversas formas asumidas por Venus en sus meta­morfosis: «Venus regina», «Venus mater», «Venus primitiva», «Venus Urania», «Ve­nus mea», etc. Precede una doble intro­ducción «Las hermanas desveladas» [«Das entschleierte Schwesternpaar»] e «Inicio de las metamorfosis» [«Der Verwandlungen Anfang»] y sigue una conclusión «Final de las metamorfosis» [«Der Verwandlungen Ende»].

 Entre las primeras quince poesías y las últimas está intercalado un inter­medio titulado «Amor modernus domesticus». En la introducción satírica «Las her­manas desveladas», el autor declara repre­sentar poéticamente un sueño realmente tenido: y en una carta a Alfredo Mombert, que respondió con una áspera crítica al envío de «Venus reina», Dehmel repite que soñó realmente en algunas de las Metamor­fosis. Las primeras poesías, en torno a las cuales se va luego paulatinamente constru­yendo el breve poema, aparecieron en Erlösung, otras formaron parte de las prime­ras ediciones de Mujer y mundo (v.) y de Pero el amor (v.); Dehmel las sacó de di­chas recopilaciones, cambiándoles alguna vez el título (así «Venus Mater» llevaba primero el título de «Canción de cuna») con la intención de ordenarlas y comple­tarlas hasta alcanzar el número actual. Con la adición de nuevas composiciones, formó al fin un ciclo cerrado, aunque en la ya citada carta a Mombert, donde llama a las Metamorfosis «mi poesía más profunda de carácter psicosimbólico» [«mein tiefstes Gedicht psychosymbolischen Stils»], el poeta declarase que el ciclo sólo terminaría con su vida.

Las Metamorfosis tienen intención satírica y dogmática: a la moral hipócrita de la sociedad oponen la individual; ade­más quieren representar simbólicamente la concepción de la vida propia de Dehmel. Venus, diosa del amor, madre del ser, ani­ma todos los aspectos de la vida, es origen y causa de toda manifestación, tanto cós­mica como individual y se transforma alter­nativamente en Anadiomena, Primitiva, Me­tafísica, etc. Bastan dichos indicios para indicar el empeño con que Dehmel em­prendió esta obra que consideraba como su Fausto (v.). Y es justo reconocer que algunas poesías son hermosísimas, cálidas de sensualidad y, sin embargo, llenas de inma­nente sentido de misterio; pero en conjunto se trata de una de las composiciones de Dehmel que más revelan el esfuerzo. Falta a la construcción el soplo lírico que nace de una necesidad interna, y la unidad de la obra queda esquemática, abstracta, y ca­rece de continuidad lógica y poética, de modo que la lectura resulta pesada y la interpretación difícil.

Aunque estilística­mente se manifiestan muchos de los defec­tos más visibles de Dehmel: la inclinación a las palabras altisonantes para enmasca­rar la pobreza del contenido, el barroquis­mo en la expresión y la cantidad de imáge­nes, sin embargo, para el estudio de la personalidad moral de Dehmel, el ciclo que­da como obra fundamental; y también es importante para el estudio de su arte, tan­to por la altura de tono que la poesía al­canza en algunos momentos, como por se­ñalar con toda evidencia los límites de su capacidad creadora.

L. C. Palmerini