La Serpiente Emplumada, David Herbert Lawrence

[The Plumed Serpent]. Novela del escritor in­glés David Herbert Lawrence (1885-1930), publicada en 1926. Una mujer de cuarenta años, fina e inteligente, la irlandesa Kate Leslie, va a México con unos americanos para un breve viaje, pero muy pronto sien­te que México está en su destino como una sentencia, y tiene la impresión de ser como un pájaro en torno a cuyo cuerpo se va enroscando una enorme serpiente.

Este sen­timiento de fatalidad inevitable se torna más intenso todavía cuando encuentra en una corrida al joven general Cipriano Viedma, cuya «educación occidental es como una capa de aceite claro sobre el lago ne­gro de su bárbara conciencia». Cipriano le presenta a don Ramón, que quiere resuci­tar el culto del dios mexicano Quetzalcoatl, que tiene por símbolo la serpiente y «que no tiene ni ayer ni hoy, sino que, sencilla­mente, es»; la perfección se puede alcanzar sólo identificándose completamente con él* mas para esto es menester liberarse de las comunes y falsas relaciones humanas. Ra­món, por ejemplo, debe liberarse de su mujer Carlota, que no le comprende e in­tenta de todas maneras turbarle permane­ciendo aferrada a su personalidad emotiva. En contacto con aquellos hombres, Kate comprende lo vacío de su vida pasada; y una noche, mientras asiste a una danza sa­grada en honor de Quetzalcoatl, siente que su sexo y su esencia de mujer se confunden en el océano de los deseos primitivos y so­lemnes.

Cipriano le pide que se case con él, que les ayude a él y a Ramón en aque­lla misión que se han impuesto; y ella, sintiéndose, ante su masculina presencia, perfecta en su pasividad, acaba por con­sentir y por encarnar, en el panteón mexi­cano, a Malintzi, el principio femenino de la religión de Quetzalcoatl. En tanto Ra­món, a quien se le ha muerto su mujer, se casa con Teresa, mujercita en apariencia insignificante, pero que tiene el poder de darle «la grande, dorada, plena gloria del hombre»; y viéndolos a los dos, Kate se convence de que la clave de todo lo que es vida se encuentra en la vivida relación carnal entre hombre y mujer: «son nece­sarios un hombre y una mujer para formar un alma: y el alma es la estrella de la ma­ñana que emerge de los dos». Aunque no tenga con Cipriano intimidad ni de palabras ni de pensamiento, ella se siente con él, por primera vez, verdaderamente sosegada y renuncia, sin echarlo de menos, ,a volver a su mundo. Es una novela compleja y po­tente, a pesar de sus indiscutibles proliji­dades y la pesadez de su simbolismo. El intento polémico del autor se deja sentir a menudo; pero la atmósfera densa y pe­sada de México, con su extraño y, a pesar de ello, reposador fatalismo, está reprodu­cida de manera perfecta; y si las figuras de Cipriano y de don Ramón son esencial­mente simbólicas, Kate es, en cambio, viva en su tormento de mujer inteligente que no logra encontrar en su propia vida per­sonal la completa actuación de sí misma. Lawrence intenta expresar en ésta, como en sus demás novelas, su individualidad más profunda, lo «que los hombres no con­siguen a menudo captar, ensordecidos por el desarmónico fragor de su actividad y vo­luntad», y que finalmente acaba por coin­cidir con una sensualidad mítica, sólo en la cual es posible captar la esencia total de la vida.

A. P. Marchesini

Con inexplicable talento Lawrence ofrece un auténtico ejemplo de «diabolismo»: de una vocación subvertida. Lo que sus no­velas tienen de más extraordinario es su fervor moralista y místico con que es sen­tido un evangelio bestial. Lawrence es una especie de Rabelais en negro. La sexuali­dad le obsesiona hasta el punto de que en toda figura humana él percibe las orejas puntiagudas y los cuernecitos del fauno (o del diablo). Sus mejores libros son los dos sobre México. En México ha encontrado el ambiente que más le convenía y él se hu­biera sentido mejor todavía en su elemento en tiempo de los aztecas, con los teocallis y sacrificios humanos. (Chesterton)

La cualidad especial y característica de Lawrence era una sensibilidad extraordina­ria para aquello que Wordsworth definía «maneras de ser desconocidas». Siempre intensamente consciente del misterio del mundo, veía en el misterio un «numen» divinizado. Lawrence no podía jamás ol­vidar la presencia oscura de aquella «alteridad» que yace más allá de los límites del consciente espíritu humano. A esta sensi­bilidad especial se acompaña una capaci­dad prodigiosa de expresar la inmediata experiencia de esta «alteridad» en términos de arte literaria. (A. Huxley)

Con su esfuerzo febril, su arte se retuer­ce y deforma; pero su generosa personali­dad reconquista en simpatía humana lo que ha perdido en el arte. Entre los últimos es­critores ingleses él no será ciertamente el más grande, pero es quizás el más fasci­nador. (E. Cecchi)

The Plumed Serpent es un libro extra­ordinariamente interesante y colorido; pero los impulsos heroicos del alma mexicana bajo las superestructuras del sentimiento cristiano-español son tema demasiado fan­tástico para ser tomado en serio, y dema­siado difícil de combinar con el tema cons­tante de Lawrence, la psicología erótica. (J. W. Beach)