La Religiosa, Denis Diderot

[La Religieuse]. Novela de Denis Diderot (1713-1784), publicada por vez primera, en 1780, en la Correspondencia (v.) de Melchior Grimm y en volumen en 1796.

Es la piadosa historia de una mucha­cha, monja contra su voluntad, que expone por escrito, a un protector al que pide ayu­da, sus terribles y lamentables experiencias. Susana Simonin, desde la infancia, se cree olvidada y tratada por sus padres más du­ramente que sus hermanas mayores. Cuan­do ellas se casan, el padre, abogado más bien rico, se despoja de todo en favor suyo. Susana, en cambio, es destinada al claustro. La muchacha, virtuosa y sensible, aunque es de alma profundamente religiosa, no se siente inclinada hacia aquella vida, y ante sus primeras experiencias se le confirman sus propósitos de resistencia. Después de un noviciado de dos años y de una rebelión en el momento decisivo, que ha producido es­cándalo, Susana termina cediendo a las pre­siones y sobre todo a una revelación que la trastorna: ella es una hija adulterina, fruto de una falta de su madre, que en ella ve el testimonio viviente de su culpa, y se consuela pensando que está destinada para siempre a una vida santa.

Vuelta en sí después de unos meses de postración, la jo­ven aguza el ingenio, logra comunicarse con el exterior, interesa en su caso a muchas personas y sobre todo a un célebre aboga­do que inicia la causa para la revocación de los votos. Pero todo eso le acarrea, en el convento, por parte de la inflexible superiora y de casi todas sus horrorizadas compañeras, una serie de persecuciones ca­da vez más atroces, a las que sobrevive por milagro. Pierde la causa, ante la oposición de sus hermanas y de sus cuñados (han muerto entretanto sus padres), que quieren evitar el escándalo y defender sus intere­ses; pero la intervención de las jerarquías eclesiásticas logra que la cambien de con­vento. El nuevo monasterio es muy distinto al primero; es de un ambiente frívolo y mundano, y en él al principio se siente re­nacer, pero pronto, en su ingenuidad e ino­cencia, encuentra motivos de terror y es­cándalo. La superiora, dama todavía joven y bella, de maneras muy afectuosas, revela poco a poco su inconsciencia y falta de juicio, sin ocultar tampoco una perversa pasión por Susana, hasta que, torturada por remordimientos y terrores, cae en la locura y muere.

La pobre Susana, horrorizada, termina por huir del convento y refugiarse en París, donde evita por milagro la perdición y halla asilo, en espera de me­jor fortuna, junto a una pobre familia campesina. Es de notar que las últimas pá­ginas de la novela son un simple esbozo, en el que sólo se indican los motivos para una composición que Diderot nunca realizó. Esta narración original (que muy probablemente ejerció cierto influjo sobre el episodio manzoniano de Gertrudis) tuvo a la vez su ori­gen en un hecho cierto y en una burla. En 1760 se vio realmente en París el pro­ceso de una hermana Susana Simonin que protestaba contra sus votos, afirmando que los había hecho obligada por sus padres. En la cuestión se interesó de manera par­ticular el marqués De Croixmare, rico pa­tricio de gran corazón, amigo de los enci­clopedistas y de Grimm- Diderot, de acuer­do con Grimm y con otros, se divirtió dan­do a entender al excelente marqués que Susana había huido del convento y recla­maba su ayuda. Pero, descubierta la burla, Diderot se interesó por su propia ficción, poniéndose a escribir las memorias del per­sonaje creado por él.

El libro conserva, al principio y al fin, huellas de la maliciosa superchería que había sido su punto de par­tida. Pero esto no le impide ser una de las mejores narraciones de Diderot, avivada por una profunda humanidad, sostenida por un análisis psicológico audaz y extraordina­riamente penetrante, y animada por un es­tilo elocuentísimo y agudo, fogoso y me­surado al mismo tiempo. A pesar de su originalidad, la obra revela influencias de algunas novelas de Richardson (v. Clarissa, Historia de sir Carlos Grandison, Pamela), de las que Diderot fue gran admirador.

M. Bonfantini