La Rebelión De Los Ángeles, Anatole France

[La Révolte des Anges]. Publicada en 1914, esta novela es la última de las grandes obras na­rrativas de Anatole France (François-Anatole Thibault, 1844-1924).

El primer capítulo diseña con feliz rapidez la historia de una gran familia francesa desde 1789 a nuestros días: su fundador, Romain Bussart, campe­sino de Esparvieu, revolucionario astuto y sin prejuicios, se enriqueció comprando los bienes de la Iglesia; su hijo, Emilio Bussart d’Esparvieu, llegó a ser gobernador de Na­poleón y barón; su nieto Alejandro, gran hombre político bajo Luis Felipe, teorizador del liberalismo, es el hombre ilustre de la familia, la cual continúa en Fulgencio d’Esparvieu, senador del Segundo Imperio, y en Renato, ilustre abogado bajo la Ter­cera República, espíritu rígidamente con­servador y cada vez más inclinado hacia el clericalismo, ideas que el último vástago, Mauricio, cultiva también, pero con elegan­te desenvoltura, mostrándose dispuesto so­bre todo a no hacer nada y divertirse.

La situación se halla en este punto cuando en la maravillosa biblioteca de los D’Espar­vieu el maníaco conservador de ella, Sariette, es acometido y trastornado por una serie de misteriosos desórdenes, hasta per­der la razón; según parece, un invisible personaje se divierte  substraer los libros más raros y preciosos, con particular sim­patía por las obras de exégesis religiosa. El misterio se aclara finalmente, cuando Mirar, o sea, el ángel custodio del joven Mauricio, se presenta a su protegido y le cuenta bre­vemente su historia; el desventurado, aco­metido por la pasión del estudio, ha acabado por perder la fe; y por eso es un ángel caído, obligado a vivir como hombre entre los hombres; y no sólo esto, sino que se ha vuelto rebelde, y sueña con reanudar la rebelión de Lucifer y destronar al viejo Dios tiránico de la Biblia (al que él llama Ialdabaoth).

Desde entonces, Mirar, que ha tomado el nombre humano de Arcade, lle­va una vida misteriosa en París, cae en pecado, hace traición a su amigo Mauricio, pone en práctica toda clase de tretas, pero sobre todo se ocupa de la organización de una terrible sociedad revolucionaria, con otros semejantes suyos que halla en la metrópoli: el músico Teófilo, la ex arcángela Zita, el «ex querubín» príncipe Istar, nihilista y anarquista. Y en vano el joven Mauricio, desesperado por el abandono de su ángel custodio, intenta por todos los pro­cedimientos mostrarle la inanidad de sus proyectos, volverlo a la fe y volver a su lado. El cuento se desarrolla de este modo en una serie de desconcertantes episodios, los cuales se originan naturalmente de aque­lla situación paradójica, y ofrecen al escri­tor ocasión de trazar cuadros satíricos, de chispeante vivacidad, de los diversos am­bientes políticos de la metrópoli, y además se entrega con malicioso placer a capciosas e ingeniosas disertaciones teogónicas y teo­lógicas.

Finalmente, Arcade, Zita e Istar, que han ido en comisión a ver a Lucifer, en el antiguo Paraíso Terrenal, para invitarlo a ponerse a lcomisión del ejército de los ángeles rebeldes, son disuadidos por éste de sus propósitos; porque el demonio, con antigua sabiduría, les demuestra que no conseguirían otra cosa sino substituir la antigua religión por otra idéntica, con los mismos méritos y los mismos defectos que la primera. El sabor libertino de muchos episodios, los hallazgos de una fantasía in­agotable, el tono mordaz y pintoresco de los diálogos, lo feliz de las invenciones, contri­buyen a hacer de este original relato uno de los libros más acertados de France. [Trad. española de Luis Ruiz Contreras (Madrid, s. a.)].

M. Bonfantini

Es probablemente su obra maestra, y esto no se ha reconocido. Se comprende que France lo ha escrito para sí, para liberarse de. sus pensamientos más secretos, para expresarse de una vez a fondo acerca de la religión, de la inteligencia, de la vida, de Dios. Con su parodia se ha remontado a Milton, y tal vez más lejos todavía, y, tam­bién, más inconscientemente a los gnósti­cos y a sus extraordinarias epopeyas meta­físicas. (Thibaudet)