[Il romanzo della fanciulla]. Con este título Matilde Serao (1856-1927) reunió cinco cuentos: «Telégrafos de Estado», «Para monja», «En la lava», «Escuela Normal», «Nunca más», precedidos de unas páginas sobre la génesis del libro y su carácter, formado de «relatos corales cuyo movimiento procede de la masa y en las que el alma es la muchedumbre»; programa que, en su enunciado, experimenta el influjo del ambiente positivista en que Matilde Serao vivía (era entonces frecuente remitirse a Chérie de los Goncourt).
«Telégrafos de Estado», una de las obras más sobrias y claras de Matilde Serao, es un episodio de la vida de las telegrafistas durante la noche de Navidad : el alboroto que invade la oficina por un telegrama de amor; la comunicación secreta entre una de las empleadas y el corresponsal de una población de Calabria; y, la parte más feliz, la inquietud de Peppina, que espera obtener del director licencia para salir antes de la hora reglamentaria para encontrarse con su enamorado, esperanza que no se realiza al fin.
La suya es la suerte de todas las mujeres de estos cuentos, cuyo ardiente sentimentalismo está a la vez un poco enfriado por el cansancio moral y la triste resignación a la dureza de la vida. Estas mujeres, todas más o menos tímidamente apasionadas, buscan grandes amores, y cuando el hombre no corresponde (el tema más frecuente) se consagran a Dios (el último cuadro «Para monja») o a obras de beneficencia social y humanitaria, y, pasada la juventud, aún con algún tardío escalofrío por aquel otro bien que tanto han deseado, encierran en casa su áspera tristeza.
Pero el gusto de la representación colectiva, propio de aquellas autores que dominan su materia desde lo alto de la ley moral que han alcanzado, está en perfecto acuerdo con el alma, toda sentimentalismo y efusividad, de Matilde Serao, que entusiasmada en describir ambientes y personas, especialmente en los momentos populares de las fiestas, recepciones, ceremonias, ritos, parece olvidar que tiene almas delante. Las ama en conjunto a todas, con su bien y con su mal, poco experta en sutilezas intuitivas y con un ademán a veces ruidoso e indiscreto.
De aquí nuestra dificultad en fijar el espíritu en cada una de aquellas figuras dentro de aquel espesor de acontecimientos que se deslizan ante nosotros como en un poliorama. Más que las íntimas historias femeninas, quedan bien definidos los cuadros de la vida napolitana, descrita con gran lirismo imaginativo y con admirable sentido de la naturaleza meridional.
G. Mazzot
Es la novela, o mejor dicho, son los pequeños dramas de una muchedumbre de jóvenes, cada cual con su fisonomía particular y puesta en condiciones particulares de vida: fisonomías y vidas se entrelazan y se vigilan y se observan y se envidian y se pelean. (B. Croce)

