[La muse du département]. Breve novela de Honoré de Balzac (1799-1850), publicada en 1843. En la pequeña ciudad de Sancerre, después de la Restauración, el señor Jean- Athanase-Polidore Milaud de la Baudraye quiere reconstruir su destruido patrimonio y se dedica a ello con una energía que parece milagrosa, si la comparamos con su físico, cómicamente mezquino.
Ya anciano, casa con una jovencita de una rica familia burguesa, célebre por su belleza, buena educación y talento, que llega a ser un «bas-bleu», y escribe y publica versos con un pseudónimo, por lo que los provincianos la consideran casi una rival de George Sand. Invitados por ella, se alojan en el castillo dos conterráneos suyos, que se han ganado un nombre en la capital: el médico Bianchon y el periodista Lousteau. Este último, hombre simpático, de corazón gastado, escéptico y desordenado, se lanza decididamente a la conquista de la bella Dinah; la broma se transforma pronto, al menos por parte de ella, en una violenta pasión, a la que el periodista ya no puede sustraerse.
Vuelto a París, se reúne con él Dinah, que espera un niño, decidida a vivir hasta las últimas consecuencias su gran pasión romántica; en realidad, ésta se arrastra durante unos años en la penosa parábola de una relación irregular. Pero no lo piensa así el señor de la Baudraye; desde hace tiempo ha renunciado al amor de su mujer, pero le interesa demasiado la continuidad de la familia y de su nombre; además, está distinguiéndose honorablemente en la política, y Dinah tiene dos hijos que legalmente son suyos. Atormentada por la miseria, por el sentimiento de la falsedad de su posición, y sobre todo por la creciente indiferencia de Lousteau, que llega a cometer verdaderas traiciones, perseguida por la constancia de su marido, atacada por la religión de su madre y por la heroica devoción del magistrado Clagny (el único de sus antiguos adoradores que ha seguido amándola), la mujer acaba entrando de nuevo en el orden.
La historia, aunque tratada con la reconocida habilidad de este gran creador de personajes, parece sin embargo conducida con excesiva desenvoltura a una lección moral demasiado clara. Impresiona la figura del marido, una de las más acertadas de Balzac, pero el drama de Dinah parece ahogado bajo un exceso de otros motivos. Hay también digresiones de psicología social, de crítica literaria y de política, hasta un homenaje al genio de Stendhal (que Balzac fue uno de los pocos en reconocer, y al cual debió mucho), y una serie de confidencias y consejos sobre la carrera literaria. Con todo, precisamente a esta revuelta abundancia de temas debe La musa del departamento su sabor original y su excepcional interés. [Trad. española de Joaquín García Bravo (Barcelona, 1902)].
M. Bonfantini

