Drama en tres actos, del dramaturgo español don Jacinto Benavente (1866-1954), estrenado y publicado en 1913.
El joven Faustino es asesinado pocos días antes de su casamiento con Acacia, hija de la señora Raimunda, y las sospechas recaen sobre Norberto, antiguo prometido de la joven, y sobre Esteban, su padrastro. La acusación que afecta al marido llega a conocimiento de Raimunda cuando Norberto, que se declara inocente, le canta unas coplas que predicen la muerte de aquel que ame a Acacia y aluden además a la pasión de Esteban por la joven. La revelación es aclarada por la confesión de la hija, quien confirma el insano sentimiento de su padrastro y trastorna el ánimo de Raimunda, pero, al fin, vence el amor de esposa y madre. Está dispuesta a desmentir la indudable complicidad del marido en la muerte de Faustino y propone una nueva vida a Esteban y a la hija, que piensa alejar de la casa. Pero Acacia se rebela: no marchará, y cuando la madre le ruega que llame padre a Esteban y procure aplacar el odio que siempre le ha demostrado, proclama su amor hacia el -padrastro. El hombre queda desconcertado por la revelación: como poseído por una fuerza extraña, se precipita sobre la hija para llevársela, y mata a Raimunda, que pretende cerrarle el paso.
El drama, con su tono sombrío, se enlaza al realismo de las primeras obras de Benavente, que quiere reaccionar con decisiva voluntad constructiva contra el teatro artificioso del romanticismo tardío. Lejos de toda intención polémica, las figuras y, sobre todo, la de la madre, delicadamente concebida y rica en determinaciones concretas, poseen un pleno relieve humano y popular, y los sentimientos que se agitan tienen la fuerza de las pasiones largamente concebidas.
C. Capasso

